ahora que sabes que te han puesto los cuernos

Ahora que sabes que te han puesto los cuernos

Hola Sofi,

Te escribo este email mientras viajo de vuelta a casa en el tren.

Lamento muchísimo no haber tenido tiempo para verte en este último viaje, con quien sí que hablé fue con Bequi, y ella me contó todo lo que te ha pasado con Marco.

Hace mucho tiempo tengo una conversación pendiente contigo sobre este tema, y podría haberte llamado por teléfono…y lo haré, pero antes, quiero que leas lo que estoy a punto de escribirte.

No sé si sabrás que me han excluido de las listas de acceso a la universidad. Eché la preinscripción para psicología, pues total, como sabes, paso la mitad de mi vida leyendo libros sobre esta materia. Y puede que por esta exclusión – injusta, por cierto, ya te contaré por qué- nunca llegue a ser psicóloga titulada. Pero verás una cosa, Sofi: no es necesario ser electricista para encender una bombilla, de igual forma, no es necesario tener un título de psicólogo para entender la situación de una persona, y poder ayudarla.

Con respecto a lo de Marco, yo no voy a entrar a juzgar si lo que hizo está bien, o está mal. Desconozco sus razones, no sé qué impulso consciente, o inconsciente, le empujó a hacer lo que hizo. Así que voy a centrarme en ti y sólo en ti.

Ahora que sabes que te han puesto los cuernos, es el momento perfecto para replantearte muchas creencias.

Empezando por ésa que dice que hay que formar una familia y mantener la unión de todos sus miembros, aunque sea a costa de tu felicidad, o la de tu pareja, o la de ambos.

Aunque sea a costa de que los niños crezcan en un ambiente en el que no existe el amor, y crezcan pensando que ése es el modelo ideal de familia y lo que reproducirán en el futuro.

Porque sabrás…no es lo mismo decir te quiero, que sentirlo. No es lo mismo compartir la vida con alguien que realmente te motiva, te llena, te complementa, te impulsa; que compartirla con alguien a quien , sencillamente, te has acostumbrado.

Después está esa creencia de que quien engaña vale más que la persona engañada. La sociedad se ríe de los cornudos, el ser cornudo lleva tintes de estupidez, de inferioridad; mientras que quien engaña es valiente, o posee más carácter…

La realidad es que es justo lo contrario. La cobardía es no tener el valor suficiente para decirle a tu pareja: no siento lo que debería sentir hacia ti. La cobardía es no quererse lo suficiente a uno mismo y andar llenando ese vacío con noches de gloria que no te llenarán en nada mientras otra persona duerme creyendo que ama a un ser valiente que en realidad no existe.

No, quien engaña no es valiente. Quien engaña es el ser inferior, es el ser de carácter débil, es quien tiene los tintes de estupidez.

Y no todas las personas son valientes, ni todas las personas son cobardes, pero ahora que sabes que te han puesto los cuernos, sabes a quién tienes a tu lado en realidad, y puedes decidir si perdonar al débil, o no compartir tu vida con alguien así.

Porque otra de las creencias que se nos enseña de pequeños es que la infidelidad es una vergüenza y un agravio espantoso. Y esta creencia es una de las pocas que tal vez tenga cierto fundamento, pero que hoy en día, con los avances de la ciencia, tiene ya poco sentido.

Desde el siglo veinte hacia atrás, la infidelidad debía estar socialmente mal vista: fomentando la fidelidad los hombres se aseguraban no invertir toda su vida y sus recursos en los genes de otro…y las mujeres se garantizaban un hombre que procurara sustento a su familia.

Pero hoy en día, para los hombres hay pruebas de paternidad, y las mujeres han demostrado ser perfectamente capaces de sacar adelante a los hijos sin un hombre a su lado.

Tal vez la era de la fidelidad esté tocando a su fin. Tal vez hemos sido condicionados para creer en algo que no existe (pues la infidelidad es tan vieja como el matrimonio) tal vez ya sea hora de revisar nuestras creencias, quién sabe.

Alguien dijo alguna vez “la verdad te hará libre” y es cierto, porque sólo ahora que sabes que te han puesto los cuernos puedes replantearte tus creencias.

Creer en la fidelidad o no creer en ella es cosa tuya.

Y por tu bien, te recomiendo que la persona con quien compartas tu vida tenga la misma creencia que tú y que ambos seáis valientes para seros sinceros.

Con estas reflexiones te dejo, Sofi,  te llamaré para que me cuentes cómo te sientes.

El tren está a punto de entrar en mi estación.

Un besito.

Estela

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