amor triste

Amor triste: Lionela

Cuando Vasile propuso a Lionela emigrar a España en busca de mejores oportunidades económicas y profesionales fue capaz de dibujar en su mente un cuadro de bellos colores, fantasía, logros, paz, tranquilidad y felicidad infinita…un futuro perfecto que acababa en una hermosa casa con jardincito y una familia creada desde la nada junto a él.

Era lo que ella siempre había soñado, crear aquello  de lo que había carecido, dar el amor que ella no había podido recibir, porque Lionela era huérfana.

En los años que había pasado en centros de menores había aprendido a ser buena y dócil porque los niños que contrariaban a los cuidadores siempre tenían las de perder y bajo ese axioma la personalidad de de Lionela se forjó convirtiéndose en una joven obediente y dependiente.

Cursó estudios de secretariado que le valieron para conseguir un puestecito, estable aunque no muy bien remunerado, de secretaria en un taller mecánico de chapa y pintura.

En él conoció a Vasile un día que éste se dejó caer por allí para cambiar el color de su flamante coche y algunos otros arreglitos en el número de bastidor del vehículo porque, en fin, el flamante coche era robado.

Lionela quedó encandilada de la fuerza y el control que transmitía ese hombre, de su seguridad en sí mismo…todos parecían respetar aquella autoridad natural que emanaba de Vasile, incluido su jefe.

Aquella autoridad natural no era tal, Vasile no era, ni mucho menos, de esas personas que logran que las demás remen junto a él dando lo mejor de sí mismos de forma voluntaria, si lo respetaban, o más bien, si no se atrevían a contradecirlo, era por puro miedo.

Vasile era uno de los cabecillas de una banda rumana que se dedicaba al robo, la extorsión, el tráfico de armas, tráfico de drogas, tráfico humano, y, en general, cualquier cosa delictiva que reportara lucro y poder con el mínimo esfuerzo.

Cuando Vasile vio a Lionela, a su manera, también quedó prendado de ella, a su manera.

Como si de una mercancía se tratara, al saber que ella no tenía familia, se la compró al dueño del taller, a partir de entonces ella trabajaría para Vasile haciendo las labores del hogar y cualquier otro asunto que a él se le antojara.

Lionela no vio nada malo en ello, al contrario, se sintió halagada de que un hombre como aquel se hubiera fijado en ella. Junto a Vasile sentía la protección de la que ella siempre había carecido y él le daba todo cuanto ella necesitaba.

Pasados unos meses, sucedió algo que cambiaría la dichosa situación por completo. La unidad contra el crimen organizado de la policía rumana, en un dispositivo sin precedentes, logró capturar a casi todos los miembros de la banda a la que pertenecía Vasile, incautando cientos de kg de heroína.

Vasile logró escapar y ocultarse en un piso franco del que la unidad no tenía conocimiento.

Hizo traer a Lionela y desde aquella habitación, con una frialdad digna de ser llamada de psicópata, hizo creer a Lionela que huyendo con él a España podrían cumplir allí sus anhelados sueños de formar una familia.

Los planes de Vasile eran bien distintos; pero ella no logró darse cuenta de aquello hasta que ya fue demasiado tarde.

Vasile no tenía contactos en España y estaba en busca y captura, no sólo por la justicia europea sino también  por los proveedores de los cientos de kilos de heroína que lapolicía había incautado. Aquellos eran demasiados millones de euros perdidos como para no enfadar y “remover” el sector.

La única forma posible de supervivencia que veía factible era poner a Lionela en la calle a prostituirse.

No se enfadaría. Y si lo hacía, peor  para ella, porque no sobreviviría a él.

El mundo de Lionela se desbarató cuando, ya en el sur de España, Vasile le quitó el pasaporte y le explicó cual sería a partir de ahora su nuevo oficio.

De nada sirvieron los llantos de Lionela, ni su insistencia en hacer entender a Vasile que ella podía trabajar en otra cosa, hacer otra cosa que no sea “eso”.

Vasile finalizó todos y cada una de aquellos llantos con gritos y sentenció cada uno de aquellos gritos con empujones, puñetazos y patadas.

Aquellas palizas no dolían en el cuerpo de Lionela más de lo que dolían en su corazón. 

Al principio se resistía, porque a pesar de su débil carácter, no concebía que se le pudiera hacer algo a un ser humano que obligarle a prostituirse.

Pero con cada negativa, llegaba una paliza…y con el tiempo, acabó por resignarse y comprender que prostituirse era menos doloroso que negarse a hacerlo.

De hecho, si bien era cierto que gran parte de los hombres que contrataban sus servicios la vejaban y la trataban como a una simple puta, otros la trataban con respeto y con cariño…algunos incluso se enamoraban de ella y le hacían regalos bonitos.

Con el tiempo, Lionela acabó aceptando que aquello era su trabajo.

Sin pena, ni alegría…ella simplemente lo hacía.

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