Paseando entre cactus – un cuento para afrontar el odio

Ciertas noches en la vida te acuestas, cierras los ojos y cuando tratas de dormir, el recuerdo de cierta persona o situación en la que te han engañado, o te han herido te impide dormir, incluso puede ser peor, te despierta en mitad de la noche cuando ya habías cogido el sueño.

El recuerdo de «ese mosquito chupándote la sangre» vuelve una y otra vez…

Tu cerebro no quiere que te olvides tan fácilmente de algo o alguien que -a su entender- pone en peligro tu supervivencia o tu bienestar.

Pero tú sabes que tu supervivencia no se va a ver afectada por un mosquito y tu bienestar…

¿Acaso no depende más de cómo tú afrontes una situación que de la situación en sí?

Pues para echarme una mano a mí misma a afrontar el odio que me generan ciertas personas y situaciones indeseables estoy escribiendo este cuento

Paseando entre cactus

Había una vez un flamenco que tenía fijada su residencia habitual en las salinas de San Pedro, en Murcia, España.

Allí pasaba la mayor parte del tiempo con sus largas patas a remojo y, si se terciaba, echaba a volar para ver todo el panorama a vista de pájaro.

Cierto día, en uno de sus vuelos, anduvo jugando con un gorrión, de tal suerte que ambos se desorientaron y acabaron en el desierto del Sáhara que no quedaba muy lejos de sus salinas.

Descendieron de los aires a lo que creyeron era un humedal para refrescarse un poco el gaznate, pero ¡oh! Aquello no era un humedal, había sido sólo un espejismo: las charcas que creyeron ver eran sólo arena, y los bosques eran sólo cactus.

Dispuestos a encontrar agua debajo de la tierra, ambos pasearon por entre los cactus…y se llenaron de pinchas.

Enfados, gritaron a los cactus que por qué les hacían eso a ellos a lo que los cactus respondieron pinchándo a las aves aún más.

Cansados, con sed, y llenos de pinchas, el flamenco y el gorrión aguardaron a la noche para emprender el viaje de vuelta a las lagunas de San Pedro.

Ya en su hogar, le contaron su aventura al Mar Menor, enfadadísimos y llenos de furia por haber tropezado con seres tan desagradables y malvados como los cactus.

Tan enfadados estaban los pajaricos, que no había quien les hablara, ni se acercara a ellos.

El Mar Menor estuvo llorando de la risa mucho, mucho tiempo y cuando se calmó les dijo a ambos:

-«La mejor forma de quitaros ese tremendo enfado de encima es ver las cosas con la serenidad del mar»

-¿Eso qué es?-respondieron ambos furiosos

-Si veis la situación con la serenidad del mar sabréis compensar ese odio con compasión  y pena, que es la auténtica realidad de la situación.

Frase para afrontar el odio

¿Por qué creéis que los cactus tienen esas espinas?

No es para que no se les acerquen pajarillos como vosotros…es porque tienen que soportar un estrés térmico brutal. Sus hojas ya ni son hojas, son pinchas para no perder la poquísima agua a la que tienen acceso.

En vez de odiarlos, tenedles pena…ellos no disfrutan de la abundante agua de que, por suerte, disfrutáis vosotros.

Fin

Y hasta aquí mi cuento de flamencos, gorriones, cactus y el Mar Menor.

Espero que te haya ayudado a ti también  a no retener el odio hacia aquellos hacia los que, más que odio, hay que tener pena ya que, para hacer lo que hacen, deben tener una vida de pura 💩💩💩💩💩💩💩💩💩💩💩💩💩💩💩💩

Jejejejejejejjejeejeej

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