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Fiesta en la playa

No le parecía una idea tan descabellada aquello de ir a recoger plásticos a una playa, teniendo en cuenta que quien organizaba el evento era una potente marca de cervezas.

Imaginaba un buen festival con gente bailando a lo loco después de la recogida del plástico que, para ser sinceros, era lo que menos le entusiasmaba de aquella actividad.

Sus amigas tampoco es que estuvieran muy convencidas con el rollo de los plásticos, era más bien que cierto «alguien» especial para una de ellas había marcado que asistiría en el evento que la marca de cervezas había publicado en facebook y había movilizado a toda la tropa para asistir, sólo por si acaso.

Cuando el grupo de amigas llegó a la playa se inscribieron como voluntarias donde los simpáticos embajadores de marca de la cerveza que les dieron unas cuantas bolsas grandes: el trato era que por cada bolsa llena de plástico recibirían un ticket a canjear por refrescos, cerveza y unas tapas braseadas deliciosas.

Las amigas vieron buen negocio en aquello y empezaron a recoger plásticos y basuras de la que, años atrás, había sido una hermosísima y limpia playa.

Cabizbaja y sudorosa, a ratos, Eva se preguntaba por qué tenía que estar recogiendo ella las basuras que otros habían tirado.

Como si hubiera espiado sus pensamientos, Fred se acercó a ella con una extraña cosa en la mano:

Una toallita desmaquillante en la que habían crecido esas pequeñas algas redondas, tratando de sobrevivir a la basura que las cubría, habían logrado perforar la toallita lo suficiente para seguir viviendo, pero no tanto como para librarse de ella.

-¿A que tú también utilizas de esto? Afirmaba Fred alargando la toallita hasta bien cerca de la cara de Eva.

Ella reconoció  lo que era…a diario las usaba para desmaquillarse.

-Sí, pero yo no las tiro al mar, contestó Eva toda digna y altiva, trantado de dejar bien claro  a aquel chico que ella nada tenía que ver con toda aquella basura.

-Ah! Claro- Respondió Fred. Pero si por un casual…las tiraras al water -y no estoy diciendo que tú lo hagas- continuó Fred poniendo énfasis en esta última frase- sólo me gustaría que supieras que, a veces, las depuradoras de las ciudades se colapsan, tal vez por exceso de caudal, tal vez porque éste viene muy denso (gracias a estas cositas)- decía Fred agitando la toallita- y dejan pasar el caudal…algo sucio, medio sucio o sucio del todo hacia el mar…

Y obtenemos obras de arte del género humano como ésta:

«Cuatro algas embutidas en toallita limpia culos»

A punto estuvo Eva de responderle unas burradas para defenderse del indirecto ataque de aquel fresco, pero resultaba que Fred, además de guapo a más no poder, era uno de los embajadores de marca del evento, concretamente, el que repartía los «premios» por la basura capturada y no era plan de joderse la fiesta ni a sí misma, ni a sus amigas.

Se calló, y la fuerza de la tensión que retenía la puso roja porque la verdad era que ella sí usaba toallitas desmaquillantes y sí las tiraba por el water, así que sí, era posible que, si no aquella concretamente, alguna otra hubiera acabado jodiendo al ecosistema.

Continuó recogiendo plásticos y otras cositas de la playa pero ya más cerca de sus amigas, para sentirse más segura frente a aquel que la había sonrojado con sus burlas indirectas.

Al cabo de un buen rato la playa estaba limpia y la fiesta seguía su curso.

Como si de una competición se hubiera tratado, Eva y sus amigas se habían afanado de tal manera mientras quedaban plásticos, que finalmente consiguieron tal cantidad de tickets de refrescos, cervezas y tapas que no sabían si darían a basto a comer y beber todo aquello.

Tras un buen duchazo en las chuchas portátiles que montaron los del evento y un poco de acicalamiento, la fiesta por fin comenzaba y Eva le tenía el ojo echado al guapo de la toallita de antes.

Lo buscó, ubicó a su tropa de amigas cerca, durante un rato estuvieron bailando, bebiendo, comiendo y lo miró, tantas veces que, al final, Fred acabó captando la indirecta. Claramente, esa chica quería algo y a él también le había gustado ella desde el principio.

Así que se acercó, se presentó, tontearon, bailaron,  rieron se fueron juntos y solos a un apartado lugar de la playa donde se besaron junto al reflejo de la luna llena en el agua.

Eva le confesó aquello que antes se había contenido «ella también tiraba toallitas desmaquillantes por el retrete»

Los dos rieron a carcajada limpia y cuando paraban las ganas de reír, se besaban, y entonces volvían a reír, y se volvían a besar…

Desde aquella noche algo cambió en ambos para siempre…

Eva ya no tomaba tan a la ligera las cosas de su día a día que podían dañar el medio ambiente.

Fred aprendió a respetar más a las personas que, sin querer, con sus hábitos dañaban al mar.

No es que realmente quisieran hacerlo, es, simplemente, que no son conscientes el daño que están haciendo.

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