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«La erótica del poder» 1

La veo por primera vez junto a la barra de uno de los bares de moda de la ciudad. Baila de una manera exuberante: sus movimientos son extremadamente sensuales, femeninos, insinuantes…pero sin llegar a ser provocativamente explícitos.  Me acerco un poco más para contemplar el espectáculo, realmente está dando un verdadero espectáculo y ella ni siquiera parece ser consciente de ello.

Hasta los camareros están más concentrados en su baile que en su trabajo. A su alrededor, aparte de sus dos amigas, sólo hay tíos que, embelesados, la miran mover, en una combinación perfecta de suavidad y energía el pecho y las caderas.

Sus caderas. Nunca imaginé que esa parte de la anatomía humana pudiera ser tan flexible. Ni yo, ni muchos de los que la miramos: por el rabillo del ojo me percato de los ridículos intentos de uno de los del corro por imitarla.

Un tío, envalentonado por el alcohol, se pone a bailar delante de ella intentando agarrarla por la cintura, como si de su pareja se tratara. Ella se para en seco mirándolo desafiante mientras aparta algunos de los rizos que le cubren la cara. Ya no hace falta nada más. Al segundo, uno de los porteros está sacando al tío del local.

¿Quién demonios es esa tía?

La veo volverse hacia sus amigas, hablan algo, y se marchan en dirección al aseo.

En cuestión de minutos, el predominio del género masculino del lugar desaparece, vuelven las mujeres. Pero ninguna se mueve como ella. Ninguna resulta tan atrayente como ella.

-Pepe- le digo a mi amigo- ¿la conoces?

-No. Pero me suena su cara de algo. Te ha gustado ¿verdad? Si se mueve la mitad de bien en la cama, acostarse con ella tiene que ser una gozada. Ya sabes lo que tienes que hacer delfín: información es poder.

-Sí, maestro- le digo asintiendo con la cabeza, mostrando con un gesto alegre que conozco las “leyes diamante” de Pepe – vámonos a la zona vip, aquí me estoy agobiando.

Una vez allí sucede lo que suele suceder en estos lugares, el champán corre por doquier, es igual de abundante que las mujeres: bellas, bellísimas, exquisitamente vestidas y peinadas, con excesivos escotes que dejan poco lugar a la imaginación.

La mayoría de las que habitan las zonas vip de los locales de moda se vuelven extremadamente seductoras cuando quien te acompaña es uno de los empresarios más ricos y poderosos de la ciudad. Y Pepe lo es. Y yo voy camino de serlo.

Pepe es mi padrino. Mi socio. Mi amigo. Pepe, es la persona más influyente de mi vida.

Probablemente, hoy sería el hombre más pobre de la ciudad de no haber conocido a Pepe Cárceles, mi mentor en los negocios, quien me ha enseñado todo lo que sé a cerca del dinero.

La frase preferida de Pepe es “El pez grande se come al pez chico”, la aplica a todo, ya sea una negociación, una cita, un asiento en un vuelo de primera…para él la vida es pura lucha por la posición, cuanto más alto estés, más fácil te es conseguir todo lo que quieres y más difícil es caer.

 Pepe se rige por sus propias normas, que él llama las “leyes diamante” y una de ellas es información es poder.

Dejo a Pepe en buena compañía, rodeado de cinco tías despampanantes, y voy a averiguar quién es la bailarina de la pista. Mi plan es preguntarle al portero que controla el acceso a la zona vip y si no, saludaré al dueño del club, tal vez él la haya visto antes.

Deslizo un billete por la mano del de seguridad diciéndole:

-Te agradeceré cualquier información referente a la bailarina de la pista, sabes a quién me refiero, ¿verdad?

-Sí, señor. Sé a quién se refiere.- En los ojos del tipo hay cierto miedo y desconfianza, mira de un lado a otro sin parar, como temiendo ser pillado infraganti.- aquí no puedo hablar de este tema. Si quiere, podemos vernos en el parque central, enfrente de la fuente mañana a las 9 de la noche.

-Que así sea- le contesto

Me daba ya la vuelta para volver con Pepe cuando me giro, autoritario, para recordarle al portero:

-Me gusta la puntualidad, ¿está claro?

-Sí señor, lo seré.

-Perfecto.

Está bastante claro que esta noche, como todas, voy a triunfar. Por el módico precio de una botella de champagne me ligo a una tía, se viene a mi casa,  me deja completamente satisfecho. ¡Y me deja un regalito! Su teléfono anotado en un papel junto a su tanga.

 Sin duda volveré a llamarla, ya tengo una amiguita más. Una más.

*

-¡Pepe, tío!, ¿triunfaste ayer o qué? ¿cómo va esa resaca?- llamo a Pepe para contarle mi aventurita, seguro que se siente muy orgulloso de mí.- ¿Que cómo va la mía?, bien, bien. Estoy como nuevo, me han hecho una buena limpieza de…ja, ja, ja. Sí, sí.

¿La bailarina? No, aún no sé. Fue raro, el portero no quiso contarme nada anoche, me imagino que trabajando no le permitirán estar de palique. He quedado con él esta noche para hablar el tema…sí ya te contaré.

Bueno entonces ¿qué Pepe? Nos vemos mañana a las 11 para visitar al concejal ¿no? …Sí, Nadia se encargó de comprar el Rólex, y tengo preparado el sobre…Sí, buen negocio, algo forzado, pero al final bien. Siiiiii. Recuerdo la ley diamante “lo que no compra el dinero, lo compra la vergüenza”….ya sé que nosotros no tenemos la culpa de que le pusiera los cuernos a su mujer; si no tenemos que cumplir nuestras amenazas no plantea ningún dilema moral para mí…¡qué voy a ser yo un blando! Que no Pepe tío….Bueno, la cuestión es que el negocio está hecho…Venga tío, hasta mañana.

*

A las nueve, puntual, estoy en el parque central con mis levis y mi cazadora de cuero de corte italiano. No quería presentarme demasiado elegante para hablar con el portero, prefiero que se sienta cómodo, quiero todo lo que sabe sobre la bailarina. A pesar de mi escarceo con mi amiguita de la zona vip, no he podido sacármela de la cabeza desde que la vi.

El tipo también es puntual. Nos presentamos. Se llama Mario.

-Bueno Mario, no nos vamos a andar con rodeos, cuéntame qué sabes sobre la bailarina.

-No es bailarina, y antes de entrar más en materia, te debo advertir, que corro cierto riesgo hablando contigo de ella. Así que debo saber en qué me va a beneficiar a mí esta charla, porque igual no me compensa-

¡Vaya, el pájaro sabe negociar! Pensaba que sería más sencillo esto. No termino de creerme que hablar de una tía que baila bien pueda entrañar ningún riesgo, más bien, creo que es una estrategia para conseguir más pasta. Yo no estoy para perder el tiempo. Así que directamente le pregunto:

-¿Qué quieres?

El portero se frota las manos, retorciéndolas, con un gesto de duda, como si estuviera manteniendo un verdadero debate interior…¡venga ya, no puede ser para tanto! Pienso yo.

-Sé quién eres y con quién te rodeas – empieza a decirme- Hago esto porque estoy hasta los huevos de perseguirla en mis horas de descanso, pero sobre todo estoy hasta los huevos de mi jefe y de cómo me explota, a mí y a toda la plantilla. Si te hablo de ella, si te cuento lo que sé, tendrás que facilitarme un nuevo puesto de trabajo porque puede que pierda el mío y algo de efectivo.

-Hecho.-  Le digo sin pestañear. Me arde la curiosidad, ahora mucho más, por saber qué cojones pasa con esa tía para que hablar de ella sea peligroso para un portero.- Vamos al Mon Delice, es hora de cenar, estará abierto, sacaré de la caja fuerte el dinero y allí mismo, en el reservado, podremos hablar tranquilos. Respecto al puesto de trabajo, dalo por hecho.

-Perfecto. Me parece perfecto. 

*

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