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«La erótica del poder» 10

Necesito tiempo para pensar una estrategia. Por más que lo intento, no logro sacarme de la cabeza a Isabella , el día tan maravilloso que he pasado junto a Ella…pero lo que realmente me hace temblar de miedo por dentro es el giro de 180 grados que ha dado mi vida en este día, cómo ha sucedido todo, cómo una cosa ha llevado a la otra, como por arte de magia, como si hubiera estado preparado ya, desde hace mucho tiempo atrás…como piezas dispersas de un puzle que por separado no significan nada, pero una vez unidas, son belleza y son sentido.

¿Cómo demonios debería pararle los pies a Pepe?

¿Alguien me cree capaz de hacerlo?

Si se me hubiera preguntado hace tan solo un día habría dicho que tal cosa es imposible.

Contradictoriamente, ahora me domina una fuerza desconocida para mí, que me hace sentir capaz de todo, inmensamente grande, y a la vez inmensamente pequeño: un mero instrumento a través del que “algo superior” (tal vez sea el espíritu del monte) se manifiesta.

Ojalá pudiera hablar con Isabella ahora, contarle todo esto que estoy pensando, creo que ella me entendería, pero sé también que no debo agobiarla ¡sobre todo ahora que piensa que soy un villano!

Le demostraré que en ese monte, junto a ella, volví a nacer.

¿Se puede ser millonario y poderoso sin arrasar el monte? ¡Por supuesto que sí!

De hecho, ahora mismo revolotean mi mente varias ideas de negocio de ésas que los verdes llamarían “sostenibles”, y que, con el monte como eje, apoyarían el desarrollo de un instinto protector hacia él.

Evidentemente, no tienen la envergadura de un resort, con los pros y contras que esto supone.

Yo no ejerzo con mis empleados la tiranía que Alfonso, el del club, con los suyos. Y, aunque no he visto sus cuentas, apostaría a que mis empresas son muchísimo más rentables que las suyas.

Según mi experiencia, para motivar a un empleado, la obtención de un beneficio da mucho mejor resultado que el temor a una pérdida. Las empresas (como cualquier otro ente formado por personas) compuestas y movidas por personas valientes y ambiciosas poseen una fuerza, una energía, un brillo del que carecen las organizaciones compuestas por personas miedosas y cuyo único deseo es permanecer en la seguridad.

Ahora, a estas alturas, descubro que la ambición tiene un límite. Un límite que yo jamás habría establecido por mí mismo, simplemente ha llegado.

Y siento, con una certeza absoluta, que he de respetarlo.

Y no lo hago por miedo al karma ése, a que algo malo me pudiera venir de vuelta.

Lo hago, lo haré, por puro placer.

Por el placer que me da sentirme uno con Ella.

Por el placer que me da sentirme uno con el espíritu del monte.

Por el placer que me da sentirme la herramienta de algo que está por encima de mí.

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