tal vez no podamos añadir puntos y comas a lo que ya está escrito…pero podemos utilizarlo para que el próximo capítulo sea maravilloso

«La erótica del poder» 12

novela erótica romántica - punto y coma

-Pepe tío ¿nos vemos para almorzar? ¿a las doce en el Di Milano?. Vale. Y ya me explicas cómo va el tema del resort.

(Mi plan es no revelar a Pepe que pienso reventar el proyecto del resort hasta que esté reventado)

Me gustaría hacerlo de manera que nadie saliera perjudicado. Para eso, lo mejor sería disuadir a Pepe y a la armada invencible de que el plan prospere…

Esta noche he tenido sueños extraños, aparecía una piedra que me hablaba, en medio de mis remordimientos por tener que traicionar a Pepe, mi mentor, mi colega, mi amigo, en un proyecto que habíamos planeado juntos la piedra me decía con insistencia:

“Te sientes tan agradecido a Pepe por haberte sacado del agua que te estás olvidando que fue él quien te arrojó a ella. Ahí dentro, el pez grande se come al pez chico”

¡Una piedra que habla, tío! Los sueños son la ostia.

*

-Delfín, la situación está así- me dice Pepe:

Para que podamos construir nuestros hoteles en lo que ahora es un monte, tenemos que pegarle fuego. Una vez haya ardido, y manteniendo el poder que ejercemos sobre los políticos al mando, éstos se encargarán de la declaración del resort como “bien de interés general”. El problema es que el resort será de titularidad pública durante unos años, aunque sean nuestras las empresas que lo explotan…cuando haya pasado un tiempo nuestros amigos políticos privatizarán el resort. Para que no haya quejas de la opinión pública por la privatización desde el inicio fingiremos que la explotación no es rentable, que pierde dinero. Para esto, llevaremos dos cuentas, una A y una B. Cuando el incendio, etc. se haya, más o menos, olvidado nuestras empresas adquirirán el resort por un precio simbólico (ya que da pérdidas y habrá contraído una cuantiosa suma en deudas) y definitivamente, será nuestro.

-Pepe tío, ¿tú no ves todo esto demasiado complicado?- ahora, me estoy acordando de lo que decía Isabella que cuando cambias la forma de ver de a una persona, la persona en sí cambia, pero, por más que lo intento, no logro visualizar a Pepe tirando la toalla con respecto al resort.

-¡Qué va! – responde Pepe en tono jocoso- si será divertidísimo. Me encanta la idea. ¿Te estás echando atrás Delfín?

-No sé Pepe. Veo demasiados inconvenientes. Hacer dinero es más fácil que todo eso. este resort supone un gran riesgo ¡podríamos ir a la cárcel! ¿no lo has pensado?

-Delfín, no lo hago por dinero, y lo sabes. Hacer dinero no supone ningún misterio para mí, hace unos cuantos millones que me di cuenta de eso.

-¿Es por demostrar tu poder entonces Pepe?

-No. Sé de sobra hasta donde alcanza mi poder

-¿Es la emoción del riesgo?

-Tampoco. La verdad es que no temo ir a la cárcel. Sobornaría a quien tuviera que sobornar y jamás pondría un pie en ella.

-Entonces, ¿qué es Pepe?

-Lo sabes Delfín. Lo sabes. Lo hago por sentirme vivo.

Lo sabía. Sólo quería que él se diera cuenta de cuáles eran sus verdaderas motivaciones para hacer lo que hacía. Una vez escuché que “el sentido de la vida es una vida con sentido”. Pepe carecía de tal cosa. Yo mismo estaba siguiendo su estela al creer que el sentido de mi vida era hacerme muy rico, y luego muy poderoso, y luego…ser tan infeliz como lo era Pepe. Jamás pensé que aquel día en el monte haría virar mi trayectoria.

Sigo queriendo ser inmensamente rico, e inmensamente poderoso, pero con un fin: poder cuidar y proteger ese monte, y otros montes.

Porque, no me jodas, siendo pobre se puede hacer bien poco.

Me encantaría que Pepe encontrara el sentido de su vida en algo constructivo, no destructivo como lo que pretende hacer con el monte.

Pero lo cierto es que, en primer lugar, mi misión es detenerlo a toda costa.

-¿Y cuándo irá el pirómano a darse el gustazo, Pepe?

-A lo largo de toda esta semana cuando le plazca. Ya nos enteraremos por las noticias.

-Bueno, ¿necesitas algo más de mí Pepe? Tengo dos juntas que atender aún esta mañana.

-No Delfín, atiende tus negocios.

-Vale tío. Hablamos.

Lo más inmediato ahora es quitarme de en medio al pirómano.

Puedo dar el chivatazo, o hacer que alguien lo dé pero levantaría sospechas para con Pepe. Además existe la posibilidad de que haya untado también a los agentes forestales.

Tengo que enterarme de quién es el pirómano, de manera discreta y encerrarlo en el manicomio.

Con un par de llamadas me entero de quien es el psiquiatra que se lo ha recomendado a Alberto. Y con el nombre del doctor, puedo enviar a alguien a saquearle la consulta y obtener así su lista de pacientes, al más puro estilo Pepesco.

Pero encontrar un delincuente de ésos, contratarlo y que actúe me  llevaría mucho tiempo.  No puedo arriesgarme a que en ese lapso el pirómano lo haga arder. No puedo.

¿Cómo controlar los accesos al monte sin llamar la atención? ¿y desde ahora mismo?

Los verdes. Necesito su ayuda.

Cojo mi deportivo y en menos de diez minutos estoy en la oficina de la más grande de las organizaciones ecologistas.

Pido hablar con el presidente inmediatamente bajo el pretexto de querer realizar una cuantiosa donación.

El tío sale a recibirme. Es un auténtico perroflauta que me mira de arriba abajo con cara de mucho asco. Pero la verdad es que me importa un comino lo que piense, a mí tampoco me agradan sus rastas.

Ahora comprendo a Isabella cuando decía que, al dibujar, una fuerza que no es ella sale de lo más profundo de su ser y la hace olvidar todo lo demás. La comprendo porque yo me siento así ahora mismo. No pienso en nada más que en detener el incendio.

El presidente de la organización y sus rastas se quedan boquiabiertos al escuchar todo lo que sale de mi boca.

Pero el tío es un crack en lo que hace. En menos de una hora tendrá desplegados voluntarios en todos los accesos bajo pretexto de estar llevando a cabo una campaña de muestreo del águila perdicera y el búho real. Así que el monte tendrá vigilancia tanto de día como de noche.

Yo asumo los costes del despliegue y un pico más.

Al concluir la reunión, el rastas, David, se llama, me dice:

-Debo disculparme porque te había juzgado mal.

-No te creas David. Hasta hace dos días, como aquel que dice, he sido un hijo de puta, sencillamente porque no era capaz de ver el daño que hacía. Ahora toda mi vida ha cambiado…y espero que este sea el comienzo de una larga lista de colaboraciones.

-En nombre de todos los que amamos el monte, gracias.

En este momento, el corazón me da un vuelco y las lágrimas empiezan inundar mis ojos. Una poderosa emoción se apodera de mí. Una emoción más fuerte que mi amor por el dinero. Es la satisfacción de saberme haciendo algo en beneficio de los demás. Nunca antes la había sentido. Y este sentimiento sí que me provee de un poder…un poder acojonante.

Lo que estoy haciendo no es por mí, ni tampoco por el monte. Lo que estoy haciendo es por todos.

Me pregunto si David se sentirá invadido a diario por esta misma fuerza simplemente gracias a su trabajo. “Calidad de vida”. Sí, esas palabras y lo que se suele entender por ellas es ridículo en comparación con lo que sería sentir siempre esta energía y esta fuerza.

Así que vale. Una vez protegido el monte tengo que buscar a alguien que se cuele en la consulta del psiquiatra a por la lista de pacientes.

Arranco el coche ¡qué coño la consulta! Sólo necesito a un piratilla informático que se cuele en su ordenador. Y tengo en plantilla a la persona ideal ¡toma ya! Estefanía, mi directora del área de informática seguro que puede hacerlo. Con lo amante de los animales que es ella, seguro que cuando le explique por qué lo hago colabora.

Me voy a la central derrapando.

-Estefanía, necesito que me salves el culo.

-¡No jodas! ¿qué sistema se ha caído esta vez? No me han informado.

-No se ha caído ningún sistema…por ahora. Es un asunto delicado. No puede salir de estos cuatro cristales y habrá que quebrantar una o dos leyes.

-¡Por fín algo de acción tío! Empezaba a mimetizarme con el sillón. ¿pero qué pasa?

Le explico a Estefanía todo el asunto de principio a fin. Debí haber previsto que una ingeniera informática que tiene el despacho empapelado con fotos de paisajes naturales y animales de todo tipo se ofendería al saber lo que pensaba hacer con el monte. Y vaya que si se ha ofendido.

Empieza a lanzarme cosas desde su sitio al grito de “hijo de la gran puta” ”bastardo sin escrúpulos” “desgraciado” y otros improperios del estilo.

Después de esquivar un impacto certero con el teclado, cuando veo que está cogiendo la pantalla del ordenador para arrojármela a la cabeza, me pongo de rodillas y le digo:

-¡Perdóname ya! ¿vale? ¡¡¡No ves que lo único que quiero ahora es solucionarlo y estamos perdiendo el tiempo!!!!

Estefanía se calma resoplando. No sabía que estas cosas le afectaran tanto, la verdad, estaba como poseída. Se ha puesto fatal.

-Venga- me dice- me voy a casa a hackearle el ordenador al tipejo ése.

-¿por qué? ¿no lo puedes hacer desde aquí?

-Tú eres imbécil ¿no? Para empezar, esta red no es en absoluto segura para cometer delitos informáticos y ¿de verdad crees que, después de haberle mostrado tus reservas a Pepe, él no está ya espiándote a ti y a toda tu organización para saber a ciencia cierta si sigues siendo de fiar? Parece mentira…Cualquier cosa que hayas dicho o hecho a través de tu móvil lo más probable es que Pepe ya la sepa.

Un enorme nudo me aprieta la garganta. Ostia, es que puede, no, es seguro que Estef tiene toda la razón. Pepe no es de escatimar en espionajes.

-Estef ¿qué hago? He averiguado el nombre del psiquiatra por el móvil. Y he ido a la ong medioambiental más grande.

-Ya lo sé pringadillo. Venga no te preocupes más. Me haré con un móvil seguro para que puedas comunicarte. Mientras tanto, usa cabinas para todo lo relacionado con este tema. Si Pepe te llama, invéntate algo que sirva de excusa para haber buscado el nombre del psiquiatra.

En este preciso momento Pepe me llama. Estefanía tuerce la cara.

-Delfín, me han comentado que te han visto entrando en una sede una ong medioambiental. Pensaba que esta mañana tenías juntas directivas que atender.

-Eh…Pepe…es que quería tener unas palabras para intimidar al perroflauta ése. Avisarlo de que le haremos la vida imposible si se entromete ya sabes. He resuelto todas mis dudas con respecto al resort, Pepe. Es un gran proyecto y vamos a tirar para adelante con él.

-Me alegro Delfín, la próxima vez que vayas a ese tipo de eventos…invítame joder

-Jejeje, sí. Bueno tío, hablamos luego que tengo lío.

-Vale Delfín.

-¡Joder!-me dirijo a Estefanía que me mira con la cara desencajada – el móvil no sé, pero mis pasos sí que los vigila bien. Bueno, mejor saberlo. No volveré a cometer más torpezas de este tipo.

-¡Me voy! Cuando tenga todo listo te llamaré al móvil y te diré que se ha caído el sistema de pago de los establecimientos de la avenida del sol y necesito que hablemos in situ para un cambio de proveedor, te pediré que nos veamos en la tienda de bolsos pero en realidad nos veremos en el café asp, en la otra punta de la ciudad. Después de recibir mi llamada le quitas la batería a tu móvil y vas al café, disfrazado y en transporte público. Vale que tenga que infringir un par de leyes por ti. Pero paso de poner en riesgo mi vida, no quiero que Pepe sospeche de mí.-

Agacho la cabeza

-Gracias Stef, lamento meterte en este lío, lo lamento de verdad.

-Venga, no seas idiota. Ya te he dicho que me viene bien un poco de acción. Saldremos de ésta chaval. Con el monte indemne. Ya me presentarás a tu amiga y nos beberemos juntos unas cervezas para celebrar que todo ha salido bien.

Nunca había considerado a Estefanía una amiga, hasta hoy. Estefanía siempre había sido ese ángel solucionador de problemas varios y variados de carácter informático. Ahora me doy cuenta de cuánto de bien lo hice al contratarla, aunque la cabrona pedía casi el doble de sueldo que se había presupuestado para su puesto.

Qué dinero más bien invertido, joder. Es, y siempre ha sido buenísima en su trabajo, y una piratilla en su tiempo libre…una pirata con principios, sus propios principios…fue precisamente esa fortaleza lo que me empujó a tomar la decisión de contratarla y ahora me alegro de haberlo hecho.

Pues va a ser que yo debía de estar ciego, porque esto del medio ambiente le preocupa a mucha más gente de la que imaginaba.

-Saldremos Stef. Y cuando lo hagamos, te juro que consagraré mi vida y mi riqueza a proteger montes y mares y ríos y cualquier otra cosa que habite en este planeta y no tenga derecho a votar.

-Y yo contigo, tío.

Isabella me llama, no puedo contestar la llamada desde mi móvil. A ver de dónde saco yo un teléfono público ¡del hotel! En la décima planta de esta torre de oficinas hay un hotel, allí debe haber algo.

Bajo a la décima y pregunto en recepción. Sí, puedo usar el teléfono desde una de las habitaciones.

-¿Quién es?

-Amor

-¿Quién eres?

-Aún no reconoces mi voz. Soy tu admirador.

-¡Ah! Hola. Te he llamado para decírtelo, me marcho.

-¿A dónde Ella?

-He reunido a unos cuantos amigos, vamos a hacer una acampada por tiempo indefinido en el monte.

-Ella, no. Es peligroso, no lo hagas por favor.

-No es más peligroso para mí de lo que lo es para el monte. Si aparece el pirómano lo detendremos.

-Ya me estoy encargando de eso, Ella.

-Tanto mejor, Admirador, aún así, vamos a acampar.

-Me voy contigo

-Vale

-Puedes preparar un saco de dormir para mí, eh… algo de ropa y enseres de aseo. Tengo mucho lío.

-Sí. Saldremos a las siete del parque central.

-Allí estaré Mía.

-No es momento de Mía

-Vale, vale. Por cierto, cuenta también con una plaza en el coche para mí. No puedo coger el mío, Pepe me está vigilando. Iré disfrazado.

– Ja, ja, ja. Estoy desenado ver tu disfraz, Admirador, sobre todo quitártelo.

-Muy simpática la artista…la verdad es que aún no me lo he puesto, pero también estoy deseando que me lo quites.

-Adiooooos

-Hasta luego Ella.

Bien. A ver de qué me disfrazo yo ahora, y de dónde saco el disfraz. Vuelvo a la recepción a pagar la llamada y se me ocurre que podrían venderme el uniforme de algún camarero. Es discreto: camisa blanca pantalón negro. Y no tiene nada que ver con mi estilo. Para la cabeza le robaré un peluquín a Antonio el financiero ¡joder! Con lo que yo me he reído de esos peluquines en su cara y ahora tengo que pedirle uno.

Además de todo esto, en el despacho de Stef encuentro unas gafas de sol que igual podrían ser de tío que de tía.

Hago llamar a María a mi despacho. Él va a conducir mi coche hasta el parking de la Avenida del Sol, los cristales tintados de la minúscula parte de atrás del deportivo harán creer a cualquiera que puedo ir allí montado.

Le pido a Nadia comida, no tengo hambre pero algo hay que darle al cuerpo para que ande.

Cavilo cuáles pueden ser los siguientes pasos: poner al pirómano fuera de juego…la cabeza me funciona a mil por hora y además de en todo esto estoy pensando en Ella, recuerdo la charla sobre meditación que tuvimos. Ya no sé qué hacer luego. No lo sé. Aunque detenga a un pirómano Pepe va a encontrar a otro, hasta que el monte arda no habrá nada que lo detenga.

Stef me llama, ya está. Mando a Mario al parking de la avenida del sol, me quedo quince minutos más en la ofi y salgo con mi atuendo a coger un taxi que me lleve al café alp con Stef. Una vez allí la piratilla me pone al día de sus logros:

-Nene. Estamos jodidos. Ese psiquiatra trata a más de treinta pirómanos de todo el país. Veo chungo saber cuál de ellos es el elegido. Toma. Este móvil es seguro, guarda en él los teléfonos que vayas a necesitar ¿le has quitado la batería a tu móvil?

-Sí, sí, lo he hecho

-Bien

-Stef, ¿qué hago ahora? ¿qué hacemos? El poder de Pepe es inmenso, no va a parar hasta salirse con la suya. Incuso si destapáramos sus planes ante la opinión pública, evitaría la cárcel. Acabará enterándose de que intento sabotearle, irá a por mí con todo su poder y me destruirá. Es la ley diamante de Pepe: “el pez grande se come al pez chico”

-¿Te planteas abandonar el monte a la suerte de Pepe?

-No. Eso ya no es una opción para mí Stef, o lo evito, o muero en el intento.

-Bien Nene. No subestimes el poder de la Estefanía con su ordenador tampoco. Algo se nos ocurrirá ¿qué vas a hacer ahora?

-Me voy al monte a pensar. Isabella se ha llevado a un grupo de amigos y acamparán allí. Espero que haya cobertura para poder seguir haciendo gestiones desde el móvil seguro.

– Los montes suelen ser puntos en que se instalan repetidores, probablemente tendrás buena cobertura. Pero no se te ocurra volver a encender tu móvil porque Pepe puede tener a un técnico cuadrando la señal y sabría que estás por allí.

– Stef, he de reconocer que otro mérito no tendré, pero lo de contratar buen personal se me da…

-Ja, ja, ja. Sí, hazme la pelota bastante jefe. Regálame un poco más los oídos…en fin.

Después del encuentro con stef, me dirijo en taxi al parque central a encontrarme con Isabella. Al llegar, sus amigos me intimidan un poco. El dichoso sensei, esa montaña de músculos de acero, el inspirador de “la pasión” de Isabella también viene.

Poco a poco me voy acostumbrando a él. De un modo extraño trasmite una sensatez, tranquilidad y paz especiales. Para cuando hemos acampado ya somos colegas. Pero no comprendo que alguien tan manso pueda inspirar “la pasión”. Aunque habría que verlo combatiendo seguro que de manso no tiene un pelo.

Por el camino les he explicado mi acuerdo con la ong gracias al que no estaremos solos en el monte. También les resumo el apoyo técnico que nos estará prestando Stef. Y, en fín, que esperemos poder detener al pirómano que Pepe mande, y ya que estoy, les sugiero que si tienen alguna idea sobre qué hacer para detener esta barbarie me la comuniquen.

-Algo me dice que esa idea sólo puede aparecer en tu mente, Admirador.- me dice Isabella acariciándome el pelo. (Por cierto, debo decir que la vergüenza ha sido más poderosa que el miedo y me he quitado el peluquín en el taxi yendo al parque central, así que mi aspecto al volver a ver a Ella no era completamente denigrante)

Cuando llego al monte y vuelvo a respirar el oxígeno, el olor a pino y vegetación, a sentir el aire limpio…me han venido a la mente todos los recuerdos del día cero: el placer, la alegría, el sonido del agua, los orgasmos, la belleza de Ella, sus enormes ojos rasgados. Es increíble como un simple olor puede contener una infinidad de experiencias, visiones, sentimientos, emociones dentro de sí. De estos pensamientos me saca la melodía del móvil seguro que Stef me ha dado, sólo puede ser ella:

-Stef dime

-Nene. Estás jodido. Pepe desconfía de ti, se lo ha dicho a Alberto a quien, por cierto, ha llamado para dar la orden de enviar al pirómano cuanto antes. Además del móvil de Pepe, también he hackeado el de Alberto, en cuanto llame al pirómano lo sabré. Teniendo su número será relativamente fácil saber quién es y localizarlo pero si se comunican a través de otros medios o teléfono público no tendremos nada que hacer. A partir de ahí el marrón es tuyo.

-Gracias Stef, ya veo lo que puedo hacer, lo veo.

-Oye, Nene. Otra cosa. Pepe anda como loco intentando localizarte e, intuyo que en tu honor,  ha pedido a Alberto que le busque un sicario. La intuición viene de que Pepe ha dicho a continuación que la traición se paga cara, así que…

Un escalofrío me recorre el cuerpo de arriba abajo. Pero la verdad, lejos de intimidarme, las palabras de Stef me dan más fuerza.

-Alberto está hablando con el pirómano- me grita Estefanía- ahora te llamo.

Todo me da vueltas, y sin embargo, siento la convicción dentro de mí de estar haciendo lo que tengo que hacer. Es una vida con sentido, llena del subidón de energía que tengo ahora mismo, a pesar de todo lo que hay en contra. Esto es poder y no lo que tiene Pepe.

Poder es saber que he aparecido en este mundo, en esta vida, por una razón.

Poder es saber que no habrá nada que me detenga, absolutamente nada, porque esa misión que alguien o algo, o yo mismo, he puesto en mis manos me trasciende a mí, es por el monte, es por todos.

-Todo lo que necesitas llegará en el momento preciso- me susurra Isabella abrazándome por detrás

-¿Cómo sabes tú…?

-Se siente tu energía en la distancia. En ese estado, todo lo que necesites aparecerá en el momento adecuado. No sientes miedo ¿verdad?

-Pepe está buscando un sicario para liquidarme, Isabella, y yo, sin embargo, me siento más fuerte y poderoso que nunca ¿cómo es esto posible?

-Imagino que, al abarcar no sólo el interés de tu propia vida, sino el interés de otras muchas vidas animales, vegetales y humanas, de algún modo intuyo que sus energías, también la mía, se suman a la tuya.

El miedo es un artificio- continua Isabella- nuestra verdadera esencia es el valor. El miedo es…de esa basura que vamos acumulando a lo largo de nuestra vida. Creo, y tú también, que ahora eres la herramienta de una causa superior. La herramienta no siente miedo, sólo actúa. La herramienta no busca la inspiración, simplemente, se manifiesta. Y estoy segura de que de igual modo, todo lo que necesites se manifestará. No tendrás que buscar soluciones. Aparecerán. Dentro, o fuera de ti.

-¡Mario! Tengo que llamarlo para que busque un par de matones que se ocupen del pirómano.

-Llama ya. Yo me quedaré aquí contigo.

Isabella se queda abrazándome por detrás y besándome el cuello y la nuca con cariño mientras yo hablo con Stef y Mario.

Confieso a Mario todo el marrón que tengo encima. Es un tío legal. Pero, ante todo, es agradecido. Afirma que yo había hecho por él lo mejor que nunca nadie había hecho…me jura que siempre tendré su fidelidad por haberlo sacado de aquel agujero que era el club de Alfonso. Me dice que preparará un plan y para cuando lo haya resuelto me llamará.

Con toda la tensión, mi cuerpo vibra a una velocidad..también, no, sobre todo, a nivel sexual. Deseo a Isabella más que nunca.

-Nena, te deseo. Vamos a hacerlo pero ya.

-¿Nena?- me inquiere Isabella riéndose.

-Ahora soy un chico malo y te llamo Nena

-¿Y qué soy yo, Nene?- me pregunta

-¿Tú? La mujer a la que estoy a punto de follarme salvajemente como lo hacen el resto de animales que viven por aquí.

-Siii. Vale. Chico malo

-Ven aquí.

Y empiezo a comerme, en un sentido casi literal a Mía. Y digo casi literal porque lamerla y besarla no calma mi ansia, mi necesidad de Ella. Le muerdo , le agarro tan fuerte el culo , la cabeza, las tetas , las caderas que dejo en toda su piel el rastro de mis dedos y mis uñas. Ella está salvajemente contagiada de mi frenesí. Hasta tal punto está cachonda que cuando la penetro, de pie, apoyados en un pino, tengo que sujetarla porque casi se desmalla.

-Mía. Isabella. Amor ¿estás bien?- le pregunto un poco angustiado.

-Contigo- me responde susurrando, jadeando, exhausta- el placer que siento es más del que mis sentidos pueden soportar.

Oírla decir esto me vuelve completamente loco, completamente fuera de mí.

Y le doy una y otra y otra y otra vez, cada vez con más fuerza. Agarrando con ansia a Isabella, por si sucumbe, y sin ser capaz de detenerme. Ella grita, gime, se retuerce de placer y yo le digo mordiéndole la oreja y penetrándola cada vez más lentamente pero con vigor:

-Me gustaría no tener que volver a sacar mi polla de entre tus piernas en la vida. Desde que te vi he querido tenerte así, como ahora, viendo como el placer que te provoco consume hasta la última gota de tu energía. Adicta a mí, a mi boca-le pego un lametazo y un mordisco, seguidos de un beso en el que introduzco toda mi lengua dentro de su boca y sigo: – a mis manos –le cojo con fuerza el culo y una teta – y a mi polla- y la penetro con una fuerza descomunal que la levanta en peso- no voy a parar hasta que te vea reventar de gusto ¿te parece bien?- Ella sólo responde gimiendo, tiene los ojos en blanco, realmente, va a explotar. Cojo con mis dos manos sus caderas y siento una energía muy fuerte y estimulante. Ella me agarra cada vez con más fuerza, se va a correr, lo noto. Me encanta cuando se retuerce así. Me está mordiendo el hombro para no gritar como un animal y yo respondo con mi misil, además le susurro:

-¿Quieres explotar ya de placer?

-Siiiiiiiiii- responde Ella entre jadeos

-Dime que eres mía

-Ahora- se detiene aquí para gemir- ahora soy tuya

A mí se me va la cabeza y llevo a Isabella al orgasmo. No puede contener los gritos de placer que resuenan en todo el monte y su vibración desencadena mi orgasmo.

Dios. No había sentido algo ni tan siquiera parecido a esto en mi puta vida.

Ambos nos tumbamos en el suelo. Isabella tarda en reponerse, dice que no oye. Yo bromeo diciéndole que por la oreja no se la he metido. Está feliz. Yo estoy feliz. Y sigo sin poder despegarme de ella. La necesito tanto…tanto como el aire que respiro.

Haberlo hecho me resulta insuficiente. Ahora quiero más y más de Isabella. La abrazo fuerte.

-Te lo voy a devolver- me dice

-¡¿El qué?!

– Verás que te lo devolveré

-¿Te he hecho daño?

-No

-¿Te he hecho algo malo?

-Casi me matas de placer

-Mía…no era yo…”era una fuerza que sale de lo más profundo de mi ser”

Ambos nos reímos largo rato de mi ocurrencia. Pero en el fondo pienso que no he dicho ninguna mentira.

-¿Por qué has dicho AHORA soy tuya? ¿significa que eres mía de aquí en edelante?

-No. Significa que ahora, o sea, antes cuando lo hacíamos, era tuya. Ahora que estamos hablando puede que también sea tuya.

-Ella – le digo con voz suplicante- yo te necesito a mi lado, te necesito. Acabamos de hacerlo y no tengo suficiente de ti. No sé cómo saciar la sed permanente de tu cuerpo, de tu voz, de tu inteligencia, de tu presencia. Lo que siento por ti es tan profundo…Jamás había vivido una pasión, un enloquecimiento como éste ¿A ti no te pasa? Porque yo ahora mismo me siento completamente seguro de que eres la mujer de mi vida.

Isabella se encoje. No me gusta, no es bueno.

-Admirador. Todo esto que me describes tiene un nombre, se llama amor. Y debo reconocer que contigo tengo un vínculo especial, tal vez espiritual, que nunca había sentido con nadie. Aparte de que cuando lo hacemos me desarmas por completo…

Pero no puedo ser la mujer de tu vida, porque soy la mujer de la mía.

No puedes poseerme. No puedes poseer mi mente, ni mi corazón, por el simple hecho de que son míos. Y, para mi vergüenza, debo reconocer que sí tienes la capacidad de poseer mi cuerpo, y hacer lo que quieres con él cuando lo hacemos. Por eso, cuando lo hagamos, será el único momento en que verdaderamente podrás llamarme Mía, y esa palabra, ese nombre, tendrá algún sentido.

-Y después ¿qué Isabella? Ya no puedo concebir una vida sin ti

-Después ya veremos. Ninguno vivimos en el futuro sin que eso sea una ilusión. Así que lo único de lo que disponemos es ahora. Ahora estamos bien, somos felices y la vida nos mantiene unidos por una causa común. Después ya se verá.

A todo esto yo pensé: “después, ya me encargaré yo de seguir buscando causas que nos mantengan unidos porque no pienso despegarme de ti”.

Cuando volvemos con los demás, nos reciben haciendo palmas y silbano y con felicitaciones y comentarios varios y variados sobre lo bien que lo habíamos pasado.

Me llama Mario, ¡joder qué eficiente! En lo que yo hecho un polvo…noooooo, con Ella no es un polvo, ni siquiera es comparable a otras. En lo que yo hago el amor y poseo, jejeje, a Isabella el tío ya tiene resuelta la papeleta. Parece increíble, pero no lo es. Me tiene buscado un guardaespaldas para cuando vuelva a la ciudad y él solito ha diseñado y ejecutado el plan, con un colega, para librarnos del pirómano. Cuando me cuenta lo que ha hecho, me descojono de la risa.

Gracias a Stef, él y su colega han localizado y seguido al pirómano, lo han drogado un poco, se lo han llevado al polígono industrial que hay a las afueras de la ciudad y lo han dejado roncando con un bidón de gasolina en la mano y un encendedor en la puerta de una empresa con turnos de noche. En la misma empresa han pegado fuego a un contenedor y los empleados, alertados por el olor y las llamas al salir se han tropezado literalmente con el pirómano.

Con sus antecedentes irá derechito al manicomio.

-Mario,¡¡¡¡eres un crack, tío!!!! Recuerdame que te suba el sueldo. Y dile a tu colega que le pagaré bien cuando vuelva.

-¡¡¡Ok, jefe!!!

También vuelvo a llamar a Stef, para ver cómo siguen las cosas. Me cuenta que Pepe anda como loco buscándome a través de sus espías.

Me siento muy feliz y relajado. Pepe quiere matarme, pero en estos momentos eso me parece un mal menor. Duermo como nunca antes lo había hecho.

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