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«La erótica del poder» 14

novela erótica romántica - soledad

Epílogo

-Hola, campeón

El aliento de Isabella me espabila. Me sonríe y mira fijamente a mis ojos. Un surco de lágrimas brota de sus ojos, rodando por su cara feliz.

Me doy cuenta de que no sé dónde estoy. Miro alrededor, esto tiene toda la pinta de ser una habitación de hospital, porque además estoy entubado entero y me duele todo, especialmente la cabeza y el estómago.

-¿Sabes qué? Lo conseguiste.

-¿El qué?

-Conseguiste salvar el monte. Sólo se quemó una parte muy pequeña gracias, en gran medida, a los voluntarios de la ong de David que vieron desplegarse a la cuadrilla de pirómanos. Aunque no pudieron detenerlos a todos, inmovilizaron a unos cuantos y avisaron a los bomberos y a la población de las localidades cercanas. Eres un auténtico guardián del monte.

-¿Y tú? ¿estás bien? ¿y tus amigos?

-Todos tragamos bastante humo, incluido el pirómano al que capturó el Sensei, pero estamos bien. La cascada nos protegió. Siempre supe que aquel era un sitio mágico.

-¿Y yo?¿Por qué estoy aquí?

A pesar de que tu guardaespaldas vio al sicario que Pepe había contratado para asesinarte, no logró llegar a tiempo de detener por completo el disparo. Se le echó por encima por detrás. Eso desvió un poquito la trayectoria del tiro, de no haber sido por él te habría alcanzado el corazón. El tercer gran milagro de tu vida (después de lograr salvar el monte y que tu guardaespaldas se echara encima del sicario) fue que justo a tu lado había una ambulancia con equipo médico cualificado. Perdiste mucha sangre. De no haber sido por la ambulancia, ahora no estaríamos aquí- Isabella interrumpe su relato para echarse a llorar sin contención, me aprieta fuerte los dedos de la mano- has estado más de una semana en coma. En todo ese tiempo no dejaba de pensar, de sentir, que no quiero perderte. No quiero perderte-

Ahora se echa encima de mí.

-¿Qué quieres ser tú mío Isabella, qué? Porque yo lo quiero todo contigo. ¿Qué somos tú y yo?

-Somos amantes. – me dice enjuagándose las lágrimas

-¿Amantes? – pregunto yo sin disimular mi decepción por las connotaciones que tiene esta palabra.

-Sí Admirador. Amantes. Somos dos que se aman. No puede haber nada más grande ni más maravilloso que eso. Y, en adelante, te llamaré amor. Mi amor-

Ahora soy yo el que llora, mezcla de debilidad, emoción y alegría.

Tras un intenso silencio de miradas llenas de ilusión, sigo indagando, mientras agarro la mano de Isabella con fuerza

-¿Y qué ha pasado con los pirómanos? ¿están fuera de juego?

-No todos resultaron ser pirómanos, al parecer, algunos eran miembros de la mafia. De todas formas, los más débiles confesaron ante la policía. Alberto les había contratado. Y Alberto, loco por llegar a un trato para mejorar su condena, delató a Pepe.

-Pepe…

-Lo de Pepe es un misterio. Ha aparecido muerto de un balazo en su casa. La prensa dice que ha sido un robo con violencia, pues todas las habitaciones estaban revueltas. Pero no se sabe muy bien qué se llevaron los ladrones.

-Yo sí que lo sé. Y Stef ¿la has conocido ya?

-Siii. Me ha apoyado mucho estos días. Bueno, nos hemos apoyado mucho mutuamente. Me ha contado que, por culpa de las escuchas que hizo, sabe cosas que desearía poder borrar de su mente, pero que, con total seguridad, el proyecto del resort ha muerto.

Ella, David, Mario y mucha gente más han estado viniendo estos días a visitarte y ver cómo estabas.

Y ahora, Mi Amor, descansa y recupérate. ¿recuerdas lo que te dije que haríamos la próxima vez que volviéramos a vernos?

-Uff. Ahora mismo, la verdad es que todo está muy confuso.-

Los ojos de Ella me miran vivaces, chispeantes, mientras me responde:

-Iremos a celebrar nuestra victoria, la nuestra, la del monte, la de todos. Iremos a hacerle el amor al mar.

No tengo ni idea de lo que pueden significar esas palabras pero sean lo que sean, ¡¡¡¡¡ME ENCANTAN!!!!!

El enemigo natural del hombre, y del resto de las especies, es el propio hombre.

Pero el espíritu del hombre contiene a su vez el instinto de preservar la vida, de construir en lugar de destruir, de ayudar, la conciencia de lo que es justicia.

Porque si no existiera esta fuerza, la especie humana y todo lo que la rodea, ya habría desaparecido de la faz de la tierra.

*


Nota de la autora:

“La erótica del poder” es una novela de ficción, cualquier parecido que pueda existir con la realidad es pura coincidencia.

Pero como la mayoría de las veces “la realidad supera la ficción” me gustaría llamar la atención del lector sobre el hecho de que, en Octubre de 2014, en España, el Proyecto de Ley de modificación de la Ley 43/2003, de 21 de noviembre, de Montes expresa lo siguiente:

“Se mantiene, sobre el ya difícil cambio de uso forestal con carácter general, la prohibición expresa del cambio de uso durante 30 años en un terreno incendiado. Se añade, sin embargo, una excepción, para terrenos en que concurra un interés general que resulte prevalente sobre el forestal. Sólo se puede aplicar sobre montes públicos no catalogados, lo que se dispone para prevenir el eventual lucro privado por el cambio de uso, y además la prevalencia debe ser definida por una norma con rango de ley, lo que exige un proceso de participación pública y un pronunciamiento por la sede de la soberanía popular. Por último, se exigen medidas compensatorias.”


Agradecimientos

A la comparsa de Juan Carlos Aragón, por la profundidad de sus letras.

 Cai eh arte

Al equipo completo de Rafting Murcia, por una tarde tan vibrante e inspiradora en un sitio secreto que se parece al Amazonas, pero en el desierto de mi queridísima Murcia.

A todos los que han aguardado pacientemente a que esta obra se publicara para leerla.

Al mar Mediterráneo, cuyo brillo y luz inspiró, inspira e inspirará pasiones inmensamente más grandes que la que acabas de leer.

A los montes, de pinos, de castaños, de eucaliptos, de lo que sean. Llevo, y llevaré, siempre vuestra voz dentro de mí.

*


Y, querido, o querida, lector o lectora, puede que a estas alturas de la obra te estés preguntando: “pero ¿cómo se llamaba el protagonista de la novela?

Mi respuesta es: ponle el nombre que te dé la gana a ti. Ponle tu nombre, el de tu padre, el de tu primo, el de tu novio, marido o hijo, o el de tu perro, tu loro o tu hámster ¿Sabes por qué? Porque todos ellos, incluso tú, incluso yo… Todos nosotros albergamos dentro un Guardián de la Naturaleza con el instinto de preservar la vida, de construir en lugar de destruir, de ayudar, la conciencia de lo que es justicia