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«La erótica del poder» 4

novela erótica romántica - punto y coma

Efectivamente, tal como le habían dicho a Pepe, éstos lo aceptan TODO. Tanto es así que no tenemos que llegar a ofrecerles ni la mitad del tope que nos habíamos fijado.

Eso sí, habrá una doble vía impositiva: por un lado debemos pagarles a ellos lo acordado para que “velen” por el buen desarrollo del proyecto aquí en la región y también debemos sufragar ciertos gastos del partido a nivel nacional.

En menos de quince días el concejal será depuesto y puede que hasta expulsado del partido. Y nuestro proyecto tendrá luz verde a nivel local. Éstos nos garantizaban que a nivel regional tampoco habrá ningún problema.

-Y pongamos por caso – dice Pepe hábilmente – que el susodicho concejal se encabrona y denuncia el asunto en los tribunales….

-No tiene por qué haber ningún problema-contesta uno de ellos- Como sabéis la fiscalía de medioambiente es designada por nuestros jefes, je, je- haciendo alarde del poder que los respaldaba, se reía uno de ellos con una risa jocosa,- Los fiscales hoy en día tienen mucho trabajo acumulado- Nos decía mientras arqueaba una de sus cejas como interrogándonos a ver si habíamos captado el mensaje.

-Entonces perfecto – suelta Pepe.

Como no me puedo quitar a la bailarina de la cabeza, ni su voz, en toda la maldita cena, decido desahogarme con mis compañeros de mesa un poco.

-Hoy he adquirido una colección de pinturas exquisita- interrumpo la conversación que nada tiene que ver con el asunto.

Revelo el nombre del acompañante de Isabella, quien, por cierto, es desconocida para nuestros amiguitos, a ver si ellos saben algo..

-¿Sensei? Sensei es el nombre que se le da al maestro en artes marciales.-me dice uno.

*

Ya han llegado las obras a mi casa. Joder, me faltan paredes para tanto cuadro, pero es que son tremendas, maravillosas.

Es la mejor adquisición que he hecho en toda mi vida.

Vuelvo a mirar la “pasión”, claro, ahora lo entiendo. Ella se va a sus clases de artes marciales a liarse con el maestro mientras los demás se pelean. Ése es el significado que tiene esta obra para ella. O algo así debe ser.

¡Será cabrona! En vez de ir a hacer deporte va a liarse con el monitor. Aunque, bien pensado, es lo mismo que hago yo en el gimnasio.

Dios, y de esas experiencias sale una grandiosa obra maestra, porque esto es una obra maestra.

De repente, mirar los cuadros que otros han inspirado se me figura insoportable, es como mirar en el escaparate un capricho y que no te alcance el dinero para comprarlo.

Y la imagen de Isabella con ése en la galería de arte: es como ver como alguien entra, lo compra y se lo lleva a casa para disfrutarlo.

La quiero.

Y la tendré.

*

Tengo que volver al local de Alfonso porque con todo el ajetreo, no puedo pagar a Mario el dinero que le había prometido, ni podía localizarlo, porque no intercambiamos números de teléfono. Podría haber enviado a alguien, pero tengo la esperanza de volver a ver aquí a Isabella.

He pasado todos los días creando en mi mente conversaciones con ella, una y otra vez, como un vinilo estropeado. El pensamiento recurrente y dominante de mi mente es, aparte de mis negocios, ella.

Así que entro al local con Pepe, y al instante sale a recibirnos Alfonso. Mal rollo. Estas amistades nuevas que me he hecho tal vez la espanten, o tal vez le dé igual, pero no tengo por qué correr el riesgo.

-Alfonso, tío- le digo con cara de agotamiento- Pepe y yo hemos tenido una semana difícil, no queremos ni nombrar asuntos de trabajo y estamos secos, tú ya me entiendes. Prepáranos la zona vip, te lo pagaremos bien, bien. Cuando estemos más relajados charlamos un rato.

Y Alfonso, que si no es completamente alcohólico le falta poco para serlo, comprende a la perfección el peso de estas palabras. Al segundo llama a un empleado:

-Sirve a mis amigos lo que gusten, y que no les falte de nada. ¿entendido? DE NADA- Este último “de nada” lo dice con gran rotundidad…una rotundidad un tanto sospechosa. Bueno, misión cumplida, me lo he quitado de encima por un momento.

Mario está en su puesto habitual. Y me acerco con Pepe para saludarlo:

-¿La has visto?- le pregunto en cuanto me encaro con él

Por toda respuesta lo que obtengo es que Mario se rasque el ojo y con el índice señale en dirección a los baños. Suficiente.

-Comprendido. Cuando puedas, pásate por el mon delice. Maurice te entregará el sobre con el dinero. Déjale tus datos de contacto para que volvamos a reunirnos.

-Lo haré.- me respondió escueto Mario.

-Y otra cosa: gracias tío. Hoy es tu última noche aquí. El lunes pasarás a formar parte de mi plantilla. Con Alfonso todo ok, no te preocupes. Luego hablaré con él.

Mario esboza media sonrisa, creo que el fondo tiene miedo de que Alfonso lo vea sonreír demasiado.

Agarro a Pepe tirándole del brazo hacia el lugar en el que debía estar Isabella le digo:

-Padrino, vamos al baño.

-¡A esos baños!- exclama con los ojos desorbitados- ¡ni loco!. Anda tú que yo te espero bebiéndome un gin tonic allí.- y me señala la parte de la zona vip donde había unas cuantas macizas- con ésas nuevas amigas que me voy a hechar.

En el hall que da acceso tanto al baño de mujeres como al de hombres hay un enorme espejo sobre los lavabos en el que Ella se está pintando los labios. Me acerco con la firme decisión de entablar una conversación  y empiezo a lavarme las manos mientras la miro de reojo.

Tiene los labios carnosos y se los pinta de un rojo intenso, lo que los hace aún más deseables, como las fresas en invierno. Su nariz es perfectamente proporcional a su cara, simpática y respingona.

Tiene los ojos rasgados, enormes, profundos, de color negro azabache, adornados con unas pestañas largas densas y curvadas que dan a su mirada un punto de sensualidad y erotismo.

Su cara es fina, ovalada, su expresión es una mezcla de alegría, poderío y dulzura.

Es preciosa.

Es hermosa, tremendamente deseada y es consciente de ello.

Si me mirara…si me mirara podría empezar la conversación, por ejemplo con un “hola ¿cómo te llamas?” No, eso, suena muy típico.

No me he percatado de que llevo con las manos a remojo demasiado tiempo, una que tengo al lado me saca de mi ensimismamiento diciéndome:

-Se te va a arrugar- me dice con cara divertida, va borracha, le cuesta pronunciar y lleva los ojos algo entornados- la piel de las manos se te va a arrugar.

-Sí, si, bueno es igual- la miro con expresión seria. Anda que interrumpir mis disertaciones…en el fondo la borracha lleva razón.

No puede ser, en un segundo se ha ido. Miro para la puerta. En mi descuido se ha largado con sus amigas y no sé de dónde demonios irá, pero también va con ella el armario que la acompañaba en la galería.

Me vuelvo a la zona vip con Pepe. Efectivamente está en buena compañía, sus nuevas amigas tienen unas buenas tetas, operadas claro, y son bastante simpáticas.

La mesa está llena de bebidas variadas y también hay un cofre en ella ¿qué hace aquí un cofre?

-Pepe, ¿qué es esto?

-Un regalito de Alfonso – me contesta Pepe riéndose – a ti no te va a gustar, pero a mí y Samantha y sus amigas sí, así que déjalo ahí.

Ya me imagino de lo que se trata y no me hace gracia, no me hace ninguna gracia. Cuando Pepe se droga, lo mismo se pone agresivo (lo he tenido que sacar más de una vez del calabozo por pegarse con otros) que le da por hablar y no para. Esto no es malo, pero se pone pesado.

Por suerte, Pepe es de los que si no le pones la zanahoria en la trompa (como a los burros) él no va a buscarla. El puto Alfonso se podría haber metido el cofre por…ahora me va a tocar hacer de niñera de Pepe no vaya a liarla.

-Samantha, bonita, ven aquí- Le digo a la imponente rubia- ¿me harías un favor?

Me mira con ojos lascivos, ¡uy! ¡Que ésta se está imaginando que voy a pedirle otra cosa! He localizado en el google una foto de Isabella de una entrevista que concedió a un periódico online y quiero que Samantha le entregue una nota con mi número de teléfono

-Quiero que busques a esta chica en la pista y le entregues este papel. En él escribo el siguiente mensaje:

Señorita Isabella:

Soy un gran admirador de su obra. Me gustaría hacerle un encargo especial. Le estaría muy agradecido si se pusiera en contacto conmigo

xxxxxxxxx

-La conozco.- me responde- la he visto por aquí muchas veces. No te hagas ilusiones. Es muy rara. No creo que le gusten los tíos como tú.

-¿y tú cómo sabes eso?

-Una amiga mía es muy amiga de una amiga suya. Esa tía es…está loca.

-Bueno, tú haz lo que te he dicho.- respondo de mal humor. Está claro que yo le he gustado a la tal Samantha y está claro que consideraba a Isabella una rival.

Seguramente Ella no está loca.

Y si lo está, mejor. Deseo con todas mis fuerzas conocer esa locura.

A las 9 de la mañana, rendido, y con cierto remordimiento de conciencia dejo a Pepe en un after con Samantha y sus amigas, que siguen con muchísimas ganas artificiales de fiesta.

Por primera vez en mucho tiempo no tengo interés en llevarme a casa mujer alguna, mujer que no sea Isabella.

Y no lo hago.

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