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«La erótica del poder» 7

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¿Cómo consigue un inmigrante los papeles? A mí se me ocurre que moviendo unos cuantos hilos. Encargo a Alberto, mi abogado, que se ocupe de este asunto y me confirma que en menos de una semana estará resuelto, sólo hay un problema: no sabe el nombre del negro…y sólo yo lo reconocería, aunque la cicatriz de su cara lo defina bien.

Tomo un taxi al mercadillo y le hago esperarme hasta que haya resuelto mi asunto. Allí busco entre todos los manteros aquélla cicatriz, y la encuentro, pero en otro que no era tan alto como yo recordaba al del autobús. Le pregunto a éste último si conoce a un hombre con su misma cicatriz pero más alto, y me dice que sí, pero que ha ido a buscar comida, volverá pronto. Le agradezco la información con un billete de 50 y quedo por allí esperando.

El mercadillo está lleno de una energía especial. Si bien es verdad que la mayoría de las personas que veo parecen embrutecidas, en las colas para comprar la gente está realmente alegre charlando amigablemente. Me apetece muchísimo participar de aquélla alegría y me pongo en cola para comprar fruta.

Está claro que mi vestimenta delata mi pertenencia a otra clase social, pues me miran de un modo extraño, incluso altanero. Pero me involucro en su conversación gracias al tema universal: el tiempo.

El tiempo afecta por igual a ricos y a pobres, cuando hace sol, lo hace para todos y si llueve también. Era un día raso y aproveché:

-¡qué día tan bueno hace hoy! ¿no?- Digo a una señora de unos sesenta años se vuelve y me contesta:

-Sí. A ver lo que dura.- Y conforme lo está terminando de decir se da la vuelta para seguir hablando con la mujer de al lado de sus enfermedades, de un larguísimo periplo por varios y variados médicos que no son capaces de curarla, de lo mal que está y cada día va a peor. Me había dado la impresión de que estaban inmersas en una charla alegre…porque, definitivamente, estas señoras disfrutan contándose sus miserias. Con razón me responde “a ver lo que dura”. Seguramente la señora ansiaba que llegara un día tempestuoso para tener algo más de lo que poder quejarse.

En fin. A mí Pepe me había enseñado, a través de otra de sus “leyes diamante” la inutilidad de concentrarse en los problemas.  De hecho, es su ley más recurrente. Siempre anda por ahí diciendo, o gritando “no nos importa el problema, lo que importa es cómo solucionarlo”. Y hace que todo su entorno piense en términos resolutivos, en lugar de en términos catastróficos. Y creo que, de todas todas, ésta es la ley diamante que más ha contribuido al éxito de Pepe, y al mío.

Compro un kilo de albaricoques, que me encantan, y me largo del mercadillo a ver si el negro ha vuelto y tengo suerte, porque está allí.

Entre el poco castellano que entiende él y el amigo suyo, al que había preguntado a mi llegada (que me entiende algo mejor), conseguimos explicarle a Mamadou, que así se llama, que por fin iba a conseguir su sueño: le doy la tarjeta de mi abogado para que vaya a visitarlo aquella misma mañana y le explico que yo me haré cargo de los gastos.

-Yo trabajar para ti.- repite Mamadou

-No, no, de verdad que no es necesario- le contesto yo

-Tú pagar a mis papeles ¿por qué?- buena pregunta. Ni siquiera yo tengo muy clara la respuesta. Últimamente ando haciendo cosas muy raras…por dentro me rio yo mismo de verme tan cambiadito ¡pagándole los papeles a un negro mantero, cubierto de miseria!

Ya me imagino la cara jocosa de Pepe diciéndome…

-¿has hecho todo eso por un polvo, tío?

…y me imagino contestándole:

-Cállate Pepe, cabrón. No me hagas recordarte los doscientos mil que te gastaste para acostarte con la mujer del director del hotel de gran lujo en Zurich; eso sin contar los gastos en champagne, suite, etc, etc.

Porque Pepe, una noche de marras en Zurich, se encaprichó con una tía que vio y se empeñó en que se acostaría con ella como fuera. La mujer, casada, no ocultó para nada su estado civil. También le había gustado Pepe pero profesaba un respeto total a su marido. Y Pepe hizo el resto. Se propuso comprar la aprobación del marido y, tras dos botellas de champagne y un cheque de doscientos mil, lo consiguió.

¡¡¡Y todos la mar de contentos!!!!

Pues si yo le tengo que pagar los papeles a un negro, o dos, porque el amigo está empezando a darme lástima…se los pago.

¡¡¡Y todos la mar de contentos!!!

Zanjando la conversación, los mando a los dos a ver al abogado.

Vuelvo a subirme en mi taxi y me suena el teléfono. Es Alberto:

-¿Oué pasa tío?

-Oye. He estado hablando con mis contactos en extranjería. La cosa de los sobornos está complicada, pero algo se puede hacer si tu amigo tiene un contrato de trabajo.

-Vale tío. No es problema. Al final van a ser dos. Es que el amigo me ha dado pena. Les he dado tu dirección, irán a verte esta misma mañana. Date prisa con este encargo ¿vale?. Me urge. Pasa la factura a Nadia, ahora la veo y le daré autorización para el pago de este asunto.

-OK. Ya me contarás en qué te has metido para ir pagándole papeles a negros que te dan lástima. A ver cuando me llamas para tomar un aperitivo, cabrón, que sólo te acuerdas de mí para darme trabajo.

-Joder Alberto, cómo aprietas. Venga, quedamos este viernes, Pepe seguro que se apunta. Ciao.

-Ciao. Ciao.

Alberto es el abogado más competente y más bastardo que jamás he conocido. Para ganar un caso, no tiene ningún reparo en sobornar al poder ejecutivo, al judicial, o comprar a los medios de comunicación como mejor le venga. Nunca escoge sus casos por lo moral, o lo inmoral de representarlos, sino por el beneficio que le vayan a reportar. Ha puesto en la calle asesinos, estafadores, narcotraficantes, proxenetas…

Una vez le pregunté si en el fondo de su ser no le dolía generar tanta injusticia y me respondió: “también es muy injusto que los leones se coman a las gacelas…lo hacen para vivir. No hay nada que hacer tío, en esta vida me ha tocado ser león, y además, hijo puta”

¿Ahora me va a tocar esperar una semana para volver a quedar con Ella? Ése es el tiempo que me ha dicho Alberto que tardaría en solventar lo de los papeles. Yo creo que no. Mejor la llamaré y le diré que ya está todo en manos del abogado…

Eso sí, toca pensar qué negocio voy a montar yo ahora que requiera la mano de obra de dos pescadores. De momento los puedo contratar como seguratas.

 ¡¡¡Más seguratas!!!!

La de seguratas que está trayendo Ella a mi vida. Más que a mi vida, a mis empresas.

*

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