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«La erótica del poder» 8

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Tras la bronca telefónica de Pepe por mi actitud distraída, y por haberme levantado a coger la llamada, en la comida con la armada invencible; lo pongo al día en mis avances con Ella. Tal como suponía, he tenido que echar mano de su aventurilla en Zurich con la esposa del director del hotel, a lo que Pepe contesta:

-Delfín. Yo iba borracho y aquello fue sólo sexo. Tú te has enamorado de esa tía y estás dejando que eso interfiera en tus negocios, que también son los míos y por eso debo advertirte, que me toca los cojones.

-Pepe, te estás pasando. No creo que levantarme a coger una llamada sea motivo para esta reprimenda.

-Haz lo que te salga, Delfín. En el fondo tienes razón, no es para tanto. Pero cuida que no vuelva a suceder, que me molesta.

-Tienes razón Pepe. Prestaré más atención a estos detalles y procuraré que no interfiera una cosa con la otra.

-Bien Delfín, así se habla. Los negocios siempre son lo primero. Te lo digo por experiencia. Yo estaré a tu lado para recordarte esto, no te preocupes.-

Le falta decirme: “que no te suceda lo mismo que a mí”. En el fondo, sé que lo que ha molestado a Pepe es que haya algo que pueda entusiasmarme más que el proyecto del resort. Una noche de borrachera, recuerdo que Pepe me confesó por qué era yo su delfín:

-Chaval – me dijo – ¿quieres saber por qué te he apadrinado en esto de los negocios? Tú tienes esa chispa, esa vida…podríamos resumirlo en pasión, pasión y entusiasmo, que yo tenía cuando empecé en esto. A base de hostias, he dejado morir ese entusiasmo para cambiarlo por un raciocinio extremo. Gano millones, pero ni siquiera me importan. Invierto en negocios que me hacen más y más rico pero me dan absolutamente lo mismo. Tengo más dinero del que nunca podré gastar…y soy infeliz. ¿Sabes por qué soy infeliz? Porque carezco de eso que a ti te sobra. Entusiasmo. Así que te quiero a mi lado. Esto es una simbiosis, Delfín. Tú serás extremadamente rico y yo a cambio, espero que me contagies tu entusiasmo.

Aquel entusiasmo que Pepe tanto anhelaba llegó a raudales con el proyecto del resort. En cierto modo, comprendía que Pepe temiera que otro asunto me apasionara más…Sería cuestión de hacerle ver sutilmente que “son pasiones distintas”

*

“Nuestro amigo Mamadou ya está viendo su sueño cumplirse. ¿Sería tan amable, señorita Isabella, de concederme una cita para ir a ver el mar que me encantaría que inspirara su obra?”

Le mando este SMS a Isabella. Y no me contesta hasta pasadas seis horas. Me llama:

-¿Ése mar al que vamos está lejos?- Me pregunta, completamente ajena al placer que siento yo con sólo escuchar su preciosa voz.

-A unas tres horas en coche.

-¿Se puede ir en transporte público?

-¿Qué sucede con el transporte público, te gusta mucho, no? La verdad es que desconozco si se puede llegar en bus, o en tren, pero esa playa aún no tiene un buen accceso- Ya estaba yo temiendo que volviera a meterme en un autobús.

-Admirador, ni siquiera sé tu nombre, ¿de verdad pensabas que me iba a subir al coche de un desconocido?

-Pero..-estaba empezando mi réplica cuando me interrumpe:

-Ni quiero que me lo digas aún. Iremos en transporte público.

-¿Te vale un taxi?- Ahí estuve rápido. Je, je.

-Ummm. Sí, me vale por esta vez. Yo lo llamaré y pasaremos a recogerte el jueves sobre las diez. ¿Dónde vives?

Le doy mi dirección y sin dejarme hablar más me cuelga, tras haber dicho:

-Adiós.

Pues vaya, voy a ir a mi cita con un taxista de sujetavelas. Qué bien. Bueno, por lo menos voy a verla. Con el trabajo que me está costando, ya cualquier cosa a la que acceda esta mujer es de agradecer.

*

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