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«La erótica del poder» 9

novela erótica romántica - punto y coma

A la hora acordada, Ella está en la puerta de mi edificio de pie junto al taxi, con un vestido rojo de lino  ajustado por arriba, holgado  por abajo, que realza aún más su hermosa figura. Le queda tan bien…que le haría el amor con él puesto. En los pies lleva unas graciosas esparteñas del mismo color y en el pelo un lazo a juego del vestido y el calzado. No me vé, está mirando su teléfono móvil.

Mientras me aproximo a ella, intentando sacar el registro de voz más sensual que jamás haya pronunciado en la historia de mi vida:

-Buenos días Ella. ¿Lista para nuestra excursión?- Y trato de buscar algún atisbo de atracción hacia mí en sus ojos. En vano. Es imposible ver una pupila dilatada en esos ojos negros, completamente impenetrables. Pero sonríe. No sé si por cortesía.

Se acerca a darme dos besos a modo de saludo mientras me dice:

-Hola Admirador- lo dice sonriendo. Y yo aprovecho esos dos besos para inhalar su aroma. Huele a azahar, o una flor parecida. No sé lo que será pero su aroma me deja aturdido. Lo siguiente que haría sería abrazarla y seguir oliéndola, y besar su cuello y su cara y sus labios sin soltarla ni un segundo. Volver a la realidad me hace daño. Tengo que conformarme con mirarla ¡no! Pongo mi mano en su brazo casi de forma inconsciente. Tanto me atrae, que no soy capaz de contener mi deseo de tocarla, de sentir más cerca su proximidad.

Ella mira mi mano, un tanto sorprendida por el atrevimiento, luego me mira a los ojos. Y yo salgo al paso, fingiendo estar distraído le pregunto de nuevo:

-¿Preparada para nuestra excursión?

Ella se ríe ¡se ríe! Esto va bien. Después de todo no se ha apartado cuando ha sentido mi contacto y ahora se ríe. Me responde:

-Claro Admirador. Estoy deseando ver el mar.

Y ambos nos subimos en el taxi. Allí dentro hay una enorme capaza con lazos y adornos rojos, evidentemente es suya, pues hace juego con el resto de su ropa y complementos. Ella se sienta y se abrocha el cinturón y pone la capaza entre nosotros dos. Por dentro yo refunfuño: ¡maldito taxi de tres plazas en el asiento de atrás, qué lejos está ahora!. Eso es antes de ver que sentada el vestido se le ha subido un poco y puedo ver sus muslos, que con aquéllas esparteñas rojas, madre mía, pierdo la noción del tiempo y no sé cuánto tiempo habré estado fantaseando hasta que el taxista, con una voz de camionero grave,  profunda, y tono de muy mala leche suelta:

-¿Bueno qué? ¿es para hoy? ¿a dónde vamos?- joder con la niñera que se ha buscado Isabella, y mirándome traviesa, con cara divertida, entre su voluminoso pelo rizado me dice:

-Admirador, no sé a qué mar vamos, no me lo dijiste, sólo sé que está a unas tres horas de aquí.

-Sí. Perdone caballero.- Le digo al taxista- tome la autopista 133 en dirección al norte.

En esto veo que ella saca de su capaza una larga tela de algodón que ha colocado, ¡mierda! ¡tapándose los muslos! y un cuaderno y unos utensilios que nunca he visto, seguramente para pintar.

Me resigno. No parece que me vaya a hacer mucho caso en este viaje.

Se me tiene que notar la pesadumbre porque Ella comienza a explicarme el por qué acaba de desplegar su kit de artista.

-No te lo tomes a mal, Admirador. Puedo hablar y dibujar a la vez. Si sólo hablara contigo aquí sentada durante tres horas me aburriría y no recorreríamos ni una hora antes de que quisiera dar la vuelta, o bajarme del taxi, o cualquier otra cosa que me cruzara la cabeza-

Olé, olé, olé.-pienso yo- En eso de “cualquier otra cosa que me cruzara la cabeza” ¿cabrá “tener sexo”? ja, ja, ja. Mira que si es así le tiro el cuaderno por la ventana. Qué disparate. No podría hacerlo con la niñera con voz de Manolo que llevamos delante. Qué disparate todo. Hay tanta diferencia de velocidad entre mis pensamientos y la vida real…

-Además, así tú serás el inspirador de este boceto. Seguro que nunca antes habías inspirado un boceto ¿a que no? ¿sabes por qué he elegido el carboncillo?- Me dice enseñándome un trozo de carbón con forma cilíndrica, y continúa: ¿sabes cómo dibujan los niños? Los niños plasman su imagen primero en lápiz, para darle luego color. Crearé nuestro boceto en carboncillo, y si me gusta, si nos gusta, lo llevaremos al lienzo a color.

¿Qué habrá querido decir con eso? ¿todo?¿nada? me deja mudo, no sé qué responder…¿me alegro de ser tu boceto?¿pero acaso soy yo su boceto, o va a dibujar el mar?-todas estas dudas se apretujan en mi mente a la vez. Decido deshacerme de una de ellas y le pregunto:

-¿Vas a hacer un boceto sin haber visto el mar?-después de soltar esto siento una punzada…tal vez esta pregunta no le parezca adecuada, tal vez piense que estoy cuestionando su trabajo, y no es ésa mi intención. Continúo balbuceando para arreglarlo un poco: -quiero decir, me refiero…

Ella recoge el mantelito y lo pone en el suelo, se desabrocha el cinturón y se acerca a mí.

 ¡Se acerca a mí!

Sólo con su proximidad se me eriza la piel de todo el cuerpo, y tan cerca la tengo que puedo oler su azahar, o lo que sea, voy a necesitar un muro de contención mental más grande que la muralla china para no cogerle la nuca y besarla.

Y mi muro de contención comienza a resquebrajarse cuando me susurra al oído:

-Vamos a hacer un boceto de ti y de mí en este preciso momento, en la parte de atrás de un taxi rumbo al mar. Lo haremos los dos juntos. Yo trazaré las líneas y tú modificarás cada una de esas líneas con tu presencia, tú olor a perfume, con tu respiración, con tus gestos, y con cada una de las palabras que pronuncias con tu sensual voz.

El muro de contención se ha roto. Oír la palabra “sensual” saliendo de sus labios lo ha derribado.

Me giro y mirándola a los ojos pronuncio su nombre “Ella” 

En mi imaginación, miro sus labios y comienzo a besarla, despacio, tengo que besarla despacio para disfrutar de cada oleada de placer que me recorre el cuerpo. Tengo que besarla despacio porque los raudales de sensaciones deliciosas que me inundan están al borde de hacerme desmayar de gozo.

Pero en la parte de atrás de aquel taxi, Ella mantiene la escasa distancia que separa nuestras bocas, y me susurra mirando mis labios con deseo:

-¿Estás preparado para crear conmigo?

-Desde que te vi por primera vez- le respondo con la confianza que me da ser consciente de que ha estado a punto de besarme. Le gusto.

Isabella vuelve a su asiento, se abrocha el cinturón y despliega de nuevo su kit de artista.

¡¡¡¡¡¡Noooooo!!!!!!Después de lo cerca que hemos estado, me duele tenerla lejos. Así que le pregunto, porque siento que necesito tener algo de ella, aunque sólo sea su atención, o ni siquiera eso, una parte…

-Entonces…¿ahora soy tu musa?-finjo distraerme con el paisaje de la ventana porque ella no levanta la vista de sus papeles.

-No, admirador. No eres mi musa, las musas inspiran pero no participan en el proceso de creación. Tú eres co-creador de lo que estoy viviendo en este momento.

Como sigo fingiendo estar distraído mirando por la ventanilla, Ella me acaricia la cara con una especie de lápiz que tiene una brochita al final para que la mire. Cuando lo hago, señala al taxista y dice:

-Él también modifica la obra con su presencia- y riéndose como una cría mala que acaba de hacer una travesura continúa dibujando.

El taxista ha puesto la radio y está cantando mientras rechupetea un palillo de madera.

Me eleva a la categoría de artista co-creador de su obra, haciéndome sentir la persona más importante del mundo en ese momento, para después igualarme al taxista barrigón con voz de fumador de tres paquetes de tabaco negro al día.

Pienso en cómo se sentiría Pepe en este momento…pienso cómo el dinero en nada absolutamente podría mejorar esta situación ¿o tal vez sí? Mi objetivo de inspirar una obra de Isabella se estaba cumpliendo, pero a medias.

No quiero esto.

No quiero compartir la creación del boceto con un taxista. Quiero que sea sólo mía. Mía y de Ella.

Cuanto más lo pienso, más me indigno. Pero no puedo hacer nada. No puedo echar al taxista que nos lleva. Ni puedo confesarle estos sentimientos a ella. 

-Isabella- me dirijo a ella con calma-¿te apetecería que paráramos a tomar un café?

-Síiii. Me encantaría.

Menos mal, mi plan ha salido bien. En el área de servicio estaremos solos, un rato.

-Yo quiero un café con leche para llevar-me dice al bajarnos del taxi.

-¿No quieres entrar a la cafetería?

-La verdad es que no. Prefiero tomarlo caminando por aquí.

-¿por si te aburres?

-Por si me aburro y porque prefiero estar al aire libre.

Claro. Isabella y su inquietud. Su actitud se parece mucho a la de un niño de tres años, necesita estímulos constantes…me pregunto si tendrá la misma capacidad de sorprenderse que un niño de esa edad…si es así me será muy fácil manejarla. En fin. Dentro del área de servicio no venden flores, y yo la habría sorprendido con un ramo. Pero tienen una bodega con vinos de reserva…y se me ocurre que el vino ayudaría a dar rienda suelta a…lo que sea que sienta hacia mí. Además se acerca el medio día y casi que es hora del aperitivo. ¡Toma ya! ¡¡¡Qué buena idea!!! Beberemos vino en el taxi y así no dibujará con el taxista Manolo de cocreador. Para cuando lleguemos a la playa ya irá un poco ciega y con suerte…¡¡¡¡¡¡yujuuuuuuuuuu!!!!

Compro el vino, vasos, frutos secos, queso y regañás. El aperitivo en el taxi. Le daré al taxista un plus por si se nos cae algo.

Salgo cargado con las bolsas y los cafés. Isabella me mira extrañada y me pregunta señalando las bolsas:

-¿Qué es eso?

-Una sorpresa para ti- Anoto mentalmente que la palabra “sorpresa” es una palabra vital porque al escucharla le ha cambiado la cara. Ahora Isabella me persigue dando vueltas a mi alrededor preguntándome qué es. Me detengo y le digo:

-Luego lo descubrirás. Ahora espera aquí con los cafés y voy a dejar esto en el taxi.

Pago al taxista un plus tras otro: por que mantenga la boca cerrada todo el trayecto, por si le manchamos el taxi, por el viaje, por no poner música…En fin, por hacer como que no existe a lo largo de todo el día. Le indico cual es exactamente la playa. Y se queda muy contento. Ha ganado en un día el sueldo de todo un mes, y me da su tarjeta para que lo llame siempre que lo necesite.

Isabella y yo paseamos bebiendo nuestros cafés por el área de descanso hablando de banalidades. Lo extraño es que junto a ella me siento lleno de una energía y una fuerza especiales. Junto a ella, es como si todas las cosas tuvieran otro color, me siento agusto y pienso más en positivo. De algún modo, ella me trasmite esa fuerza y ese optimismo.

De vuelta al taxi, su inquietud no se hace esperar:

-¿Me vas a decir ya cuál es la sorpresa?- me pregunta mientras se aparta unos cuantos rizos que habían caído por delante de sus ojos.

Abro la bolsa, le enseño la botella y la miro.

-O sea, ¡quieres emborracharme! – me lo dice muy seria, con cara de disgusto. Y cuando ve que vuelvo a meter la botella de vino dentro de la bolsa, apesadumbrado, me dice aplaudiendo:

-¡¡¡¡te engañé, ja, ja, ja!!!!!¡¡¡Me encanta la idea!!!

-Qué mala eres Isabella- le digo con resignación. Y, cosa sorprendente, parece afectarle esto que le digo porque se pone un poco triste y me dice:

– Perdón, a veces lo soy sin darme cuenta.

-No tiene importancia- le quito hierro al asunto, prefiero oírla reír, me encanta cuando se ríe, aunque se ría de mí. Notarla triste me hiere.

A lo largo de un silencio incómodo, le sirvo un vaso de vino y ambos lo bebemos mirando por la ventanilla. Compartir con Ella una copa de vino en silencio es más emocionante que una noche entera de fiesta rodeado de mujeres en la zona vip del local de moda de turno. Pienso en qué debo hacer o decir, y me imagino sus respuestas ¡pienso demasiado! Isabella interrumpe mis pensamientos con una pregunta:

-¿jugamos a atrevimiento, beso, o verdad?-

Y, la verdad, de todas las posibles escenas que yo me había figurado, ninguna, pero ninguna, contemplaba esta posibilidad. Es tan impredecible para mí. Y ¡¡¡¡me encanta la idea!!!! Sobre todo por lo de “beso” je, je, je.

-Sí, claro – Le digo girándome hacia ella.- ¿cómo se juega?

-¿De verdad que no sabes?

-Bueno sí, más o menos.

-Por turnos, si alguno de los dos no cumple la acción que se le ordena o no responde a la pregunta, se deberá beber un largo trago de vino, ¿vale?

Todo mi cuerpo grita por dentro ¡¡¡¡hoy es tu día de suerte tío, esto promete!!!!! Es que la proposición no podría ser mejor.

No sé por qué me viene Pepe a la cabeza. Antes de empezar a jugar, saco el móvil para  apagarlo y ¡sorpresa! Tengo más de 40 llamadas perdidas de Pepe. Me disculpo con Isabella y hago que el taxista pare para bajarme a llamarlo a solas. Por el número de llamadas, algo no marcha bien.

-¿Qué pasa Pepe, tío?

-Delfín, las cosas no están saliendo según lo previsto con nuestro resort. Hay por ahí ciertos funcionarios moralistas que se niegan a dar su autorización para la construcción en zona protegida. Y lo que es peor, tío, han llamado a los ecologistas; me han filtrado que los verdes están planificando una campaña de desprestigio contra nuestro holding empresarial y que están recogiendo firmas para que la zona en cuestión sea protegida por leyes estatales y europeas.

-Pepe, tío ¿qué me estás contando?

-Sí Delfín. Ahora mismo “nuestra tierra” está protegida sólo por leyes locales y regionales, pero si se amplía la protección, nos podemos olvidar completamente del tema.

-Y ¿qué vamos a hacer, Pepe tío?

-Pues contra los ecologistas: la guerra. O ellos, o nosotros. Si ellos lanzan una campaña de desprestigio, ya nos encargaremos de nosotros de contrarrestarla pagando a los medios para enseñarles lo que deben o no deben informar. Disfrutaré mucho pagando por ello. Otra cosa son las redes sociales, pero ya contrataremos bloggers y demás que emitan falsos juicios, rumores de que las ongs son corruptas etc. Los vamos a hundir. El problema es si llegaran a conseguir que se apruebe esa ampliación de la protección del paraje. Ahí sí, estaríamos bien jodidos.

-Pepe me das miedo. ¿qué estás pensando?

-He hablado ya del tema con Alberto. No está todo perdido. La actual legislación protege el espacio por su riqueza ecológica, es decir, porque alberga árboles y bichos. Si desaparecen, desaparece nuestro problema.

-Exactamente, ¿cómo los haremos desaparecer?

-Muy fácil. Alberto tiene un colega psiquiatra al que contrata cuando le interesa que sus defendidos pasen por locos. Este psiquiatra en cuestión, nos va a poner en contacto con un auténtico pirómano, un pirómano de verdad. Le daremos unos miles por pegarle fuego al monte: el pirómano se dará un gustazo, y nosotros tendremos vía libre para nuestro resort. Si lo pillan, el tío,  por lo que parece, ya ha intentado pegarle fuego a varios montes; no iría ni a la cárcel, sino al manicomio. Así que listo.

– Pepe tío, ¿no crees que se nos está yendo de las manos todo este asunto?

-¿Cómo te atreves, Delfín?¿Qué te está pasando? ¿Es por la bailarina? Estás perdiendo tu entusiasmo en nuestro proyecto. Mira, no quería llegar hasta este extremo, pero te lo voy a poner clarito: a estas alturas, ya no hay marcha atrás. O estás conmigo, o estás contra mí. El resort se va a construir sí o sí. Sin ningún lugar a dudas y me llevaré por delante a quien haga falta, incluido tú. Mis socios han de estar cien por ciento seguros de nuestro éxito, y tú dudas. Eres débil. Puede que no me convengas como aliado.

-¡Qué no Pepe tío!¿cómo puedes decirme eso? es nuestro proyecto, lo creamos juntos, claro que estoy contigo, y por supuesto que me entusiasma. Preferiría que no empleáramos estos métodos de mafiosos, pero si no hay más remedio pues adelante. ¿y cuándo piensas mandar al pirómano?

-Una noche, delfín. Una noche. Ya te enterarás.

Y Pepe colgó.

Sé que Pepe ahora desconfía de mí, por la dureza de sus palabras, por el tono de su voz. La cosa no pinta bien. No he querido decirle que iba precisamente a ese monte con Ella, se habría vuelto loquísimo. Y eso no es bueno, porque en el fondo sé que Pepe carece de moral. Cuando una idea se apodera de su mente, todo lo demás es secundario. No quiero a Pepe de enemigo. ¡Dios no! Pepe es capaz incluso de matar.

Me quedo un rato pensativo mirando al taxi. Pediré a Isabella que aplacemos el juego. ¡No estoy para juegos! Tengo que pensar en mi conversación con Pepe.

Se lo digo a Ella. Le parece bien que bebamos en silencio, mientras, se entretendrá dibujando hasta que lleguemos a la playa.

Tengo una angustia que me oprime el pecho. Quiero a Pepe, lo quiero como amigo con todo mi corazón. Amo el dinero, adoro ganarlo, moverlo, invertirlo, gastarlo, y lo que más me gusta es el poder que me da. Lo que veo en Pepe es que es un círculo vicioso: cuanto más dinero y poder tienes más necesitas para ser feliz, o sencillamente, sentirte vivo y al final nunca estás satisfecho. Pepe ya no es capaz de abandonar un proyecto, tiene que salirse con la suya, tiene que vencer y no pone reparos en destruir cualquier obstáculo que se interponga en su camino. ¿es Pepe mi reflejo en unos cuántos años? ¿es Pepe realmente feliz? No lo creo. El vacío de Pepe no lo llena ni el champán, ni el caviar, ni los coches de alta gama, ni su yate. Vive en una guerra permanente contra el mundo, inmerso en el estrés, y envenenándose a sí mismo para encontrar algo parecido a la felicidad. El vacío de Pepe no lo llena ni siquiera el inmenso poder que tiene.

Y lo que es peor, él no es consciente de ello, ni dejará que nadie le abra los ojos. ¿es Pepe mi modelo a seguir? ¿pero qué me pasa a mí hoy? ¿qué hago preguntándome estas pamplinas? ¿acaso importa? El tiempo lo dirá.

Miro a Isabella, me encanta la luz que desprende. Ya hemos llegado a la playa, recoge sus bártulos y baja del taxi mientras yo sigo aquí sentado mirándola embobado esperando a que me saque de mis pensamientos, diciéndome que salga, o algo.

Desde fuera, apoyada en el techo del taxi, se inclina un poco y me dice: 

-¿vas a salir?

Es una pregunta retórica. Pero es deliciosa, porque significa ¿vendrás conmigo?. Empiezo a sentir el efecto de los dos vasos de vino. Paso de Pepe, paso del monte, de los negocios, paso de todo. Apago el móvil y lo dejo en el taxi. Lo único que quiero es Ella.

La playa está completamente vacía, solos ella y yo. Después de un silencio, embriagado por su aroma, me propone jugar a beso, atrevimiento y verdad.

Acepto. Empieza ella:

-¿Verdad que la obra que quieres que haga no es para nadie, más que para ti?

Cabrona. Me ha pillado, no tiene caso que se lo oculte.

-Verdad- contesto. Y a continuación me bebo un largo trago de vino

-¿Sabes qué? has respondido con la verdad, no hacía falta que bebieras.

-Sí, hacía falta- le contesto simulando enfado –me toca a mí. ¿Verdad que te gusto?- le pregunto esto mirándola a los ojos.

Jamás, pero jamás, podré borrar de mi memoria la imagen de los enormes ojos rasgados de Isabella mirándome, reflejando mi cara y el mar detrás de mí; su pelo rizado, ondeado por la brisa y el verde de los árboles que había tras ella. La imagen era intensamente perfecta, insuperable. Pero sí se supera: cuando escucho de sus labios la palabra: “verdad” creo que me voy a desmayar.

La besaría, pero si lo hago sin dar tiempo a mi organismo a reponerse, me caería redondo al suelo. Necesito aire. Reinicio el paseo, ella me sigue.

-¡Me toca de nuevo! Te queda atrevimiento y beso, elige.

La miro, ya un poco más repuesto – Venga, elijo atrevimiento.

-Atrévete a meterte en el agua completamente vestido, con los zapatos y todo.

-¿Por qué? –le pregunto riéndome, casi gritando.

-Para divertirme, Admirador- me responde tranquila, con una expresión triunfal.

-¿Puedo, por lo menos, dejar la cartera en la arena?-

-Pero si aquí tu dinero no sirve para nada. Es papel mojado. Entra yaaaaaaa.

Por dentro me siento muy agradecido por haber dejado el móvil dentro del taxi…¡y por haber pagado al taxista! Ahora, que se prepare porque ella se viene al agua conmigo…cómo me maneja.

Me meto en el mar, despacio, mirando a la inmensidad de esta agua. Me siento fuerte, me siento libre, inmensamente libre. Me giro hacia Isabella y mientras la miro pienso que no quiero que pase nunca este momento, es perfecto, ella lo hace perfecto. Me sumerjo completamente en el agua y salgo, empapado hacia Isabella.

-¿bien así?-le pregunto. Ella me mira de arriba abajo, sonríe. Me encanta como sonríe. Le pregunto:

-Atrevimiento o beso

-Atrevimiento

-¿Te atreves a dejarme que te tome en brazos?

-Me atrevo- me responde resuelta

La cojo en brazos, y teniéndola bien sujeta camino hacia el mar.

-Admirador, esto es trampa- me dice con cierta resignación, porque sabe cuáles son mis intenciones.

Me adentro al mar con Ella, con el agua a la altura de los hombros, la suelto despacio; sin dejar de mirar sus profundos ojos, pongo mis manos en su cintura. Me voy a volver loco de excitación, por tenerla entre mis manos, por tenerla tan cerca. Ella da un paso más:

-Sólo te queda beso- su aliento me excita, aún más.

-Beso- le respondo sin separarme un centímetro de ella.

-Besa mi cuello

Agacho la cabeza, la vuelvo a levantar, miro a la artista a los ojos, saco una mano del agua para cogerla por la nuca, me aproximo a su cuello, inhalo profundamente el aroma de su cuello, de su pelo, apenas puedo creer lo que está sucediendo y, sí, es real, tan real como que estoy vivo, susurro su nombre en su oído, “oh, Isabella” y quiero alargar este momento un siglo…para ganar más tiempo cerca de ese olor que tanto me embriaga, sigo susurrándole:

“podría pasar toda la vida oliéndote como ahora, sin ni siquiera besarte, y moriría feliz. Si me dejaras, no dejaría ni un solo milímetro de tu piel sin un beso: empezaría por tus pies y no pararía hasta llegar a tu cabeza. Isabella, hay algo en ti que me vuelve completamente loco; te adoro desde el primer momento en que te vi. Por extraño que parezca, a tu lado me siento un ser profundamente libre” y termino mi declaración besando su cuello con una pasión que jamás había sentido con nadie, Isabella jadea…paro, un segundo, vuelvo a mirar sus ojos sin quitar mi brazo enroscado en su cintura, ni mi mano de su nuca.

-Sólo te queda beso…bésame- le digo mirando con deseo su boca.

Y lo hace.

Y el roce con sus carnosos labios me hace comprender que besarla es lo mejor que me ha pasado nunca.

Mientras nos besamos acaricio su cuello, deslizo mis dedos hacia su cara, su piel es tan agradable de tocar, tan suave y aterciopelada, mientras con la otra mano en su cintura, mantengo el cuerpo de Ella pegado a mi pelvis.

El ritmo y la presión de mis caricias por todo su cuerpo aumenta y Ella me responde acariciando mis brazos, mi torso, me coge contra sí de la cintura y cuando lo hace yo me doy cuenta de que me estoy volviendo loco. La ropa mojada nos estorba. Empiezo a bajarle la cremallera de su vestido rojo y con sus manos detiene las mías diciendo:

-Si perdemos la ropa en el mar…¿volveremos desnudos a casa?- su cara muestra cierta picardía, en el fondo creo que a ella le daría igual. Pero mierda, tiene razón.

-Vamos fuera- le digo sin preocuparme por disimular el apremio de mis palabras y de mi tono de voz.

-No quiero- me responde mirándome fijamente sonriendo.

-¿por qué?- le pregunto en un tono…desesperado.

-Me apetece quedarme aquí un rato más.

-¿Quedarte? ¿Quieres…quieres estar sola?

-No. Preferiría que te quedaras conmigo Admirador.

-No me llames más Admirador ¿no sabes cómo me llamo?

-No. Y tampoco me interesa.

-¿Cómo que no te interesa, Isabella?- me siento mezcla ofendido, mezcla desesperado

-Me interesan más otros rasgos de tu persona- me dice la cabrona acercándose a mí, deslizando su mano de forma suave por mi entrepierna. Yo trago saliva. No sé de qué va.

Me desconcierta y creo que es precisamente eso lo que me pone a mil.

-Ya veo los rasgos que te interesan.-Le respondo. Y se acerca más y más a mi oído, la huelo, y ese olor suyo revoluciona todas las partes de mi cuerpo, en especial una. Me contengo, me contengo. Empieza a besarme el cuello, me lame ¡Dios me está lamiendo! Mi polla se ha convertido en un misil, y dudo que pueda contenerme mucho más. Me sigue lamiendo hasta llegar a mi oreja. Toda mi piel está erizada, y en medio de esta tremenda locura me susurra:

-No me interesa tu nombre Admirador. Tú y yo, ahora, juntos, somos un espíritu único, y distinto a la suma de nosotros por separado. No me interesa cuál es la palabra que utilicen otros para llamarte. El hombre al que estoy susurrando al oído, al que deseo, debe tener un nombre por el que sólo yo pueda llamarle.

Sus palabras, en medio de un huracán de deseo, se han apoderado de cada neurona de mi cerebro y de mi corazón. Un espíritu único. No sé cómo se materializa eso, pero no se me ocurre otra cosa en esta vida que prefiriera ser en este instante, más que un espíritu único con Isabella.

-Isabella…yo…déjame hacerte el amor ahora mismo.- Le digo, ardiente, suplicante, mientras cojo su mano y la pongo sobre mi miembro erecto.

-Vamos fuera, Admirador. Nos encargaremos de nuestros nombres después.

Salimos los dos del mar, corriendo, atropelladamente, cogidos de la mano (sería imposible despegarme completamente de Ella ahora) con nuestras ropas mojadas. Me dispongo a tender a Isabella sobre la arena, pero no me deja, sigue tirando de mi mano hasta adentrarnos en el monte. Ella elige un lugar con claros de luz y sombra. Me hace sentarme en el suelo, mullido por las hojas secas, apoyando mi espalda en un pino. Se sienta sobre mí y, acariciándome la cara con sus manos empieza de nuevo, me muerde los labios, los acaricia con su lengua, me besa, hundo mi lengua dentro de su húmeda boca, se separa, vuelve a mi oreja, me mordisquea el cuello, me lame, entro en éxtasis cuando me lame, vuelve a susúrrame:

-Te deseo, Admirador. Quiero sentirte dentro de mí.

La levanto de mí y la tumbo en el suelo, de forma algo brusca, pero no parece molestarle. A estas alturas me importa una mierda llevar la ropa mojada puesta y a Ella también. Me desabrocho los pantalones, se sube el vestido ¡No lleva ropa interior! Se me va la cabeza, y sin más preámbulos la penetro.

Lo que siento estando dentro de Ella es indescriptible. La miro a los ojos y sin salir, la envuelvo con mis brazos para poder sentirla más cerca aún.

La embisto una, otra, otra, otra vez. Isabella jadea, se retuerce, me araña la espalda, me suplica al oído “más”.

Por primera vez, desde que conozco a Isabella tengo la sensación de controlar la situación. Y esa sensación, el tenerla retorciéndose de placer al ritmo que yo marco me hace disfrutar aún más de la experiencia.

La embisto, otra vez. Cada gemido de Ella provoca en mí una oleada de placer, y quiero más, quiero oírla gritar de placer para sentir yo también su placer dentro.

Aflojo el ritmo, sin salir de ella, la miro a los ojos, me mira, pero no me ve, me susurra:

-Me haces perder la conciencia. Creo que voy a morir de placer.

Me vuelvo loco. La embisto con más y más fuerza hasta que siento cómo su vagina se contrae a punto de llegar al orgasmo.

-Eres mía- gimo, porque la siento tanto, Dios, siento su orgasmo en lo más profundo de mi ser.

Y me corro como nunca antes lo había hecho, porque nunca antes había hecho el amor así con nadie.

Y sigo dentro de Ella, abrazándola, apretándola. Me hago consciente de las verdaderas dimensiones de esto al darme cuenta que ni habiendo terminado de hacerlo quiero despegarme de Isabella.

Nos tumbamos de lado mirándonos, acariciándonos. La beso, la abrazo, la toco, ¡la ropa!

-Nunca nos desharemos de esta ropa mojada- le digo. Se ríe. Su risa es hipnótica ahora mismo.

Me tumbo boca arriba y hago que Ella ponga su cabeza sobre mi pecho. No la voy a soltar, por nada del mundo la voy a soltar.

– ¿cómo te sientes?-me pregunta

-Feliz. En paz. Mejor de lo que he estado en mi vida. Isabella, aunque intentara explicarte jamás alcanzarías a comprender lo especial que ha sido esto para mí. Nunca había sentido nada así con nadie. Tú, tú…

-Nosotros, Admirador. El mérito no es sólo tuyo, o mío.

-¿ah, no? ¿De quién es el mérito?

-Igual que tú y yo juntos formamos un espíritu… Este monte no es la suma de sus árboles, Admirador; es un espíritu único en el que estamos inmersos, del que nosotros estamos formando parte ahora mismo.

El recuerdo de los planes que Pepe y yo tenemos para este monte me da una punzada en el corazón. Isabella sigue sus disertaciones:

-Míra dentro de ti ahora mismo, presta atención a tu mente, a tu cuerpo, a tus emociones ¿crees que te sentirías igual si estuvieras en la ciudad, por ejemplo?

-Probablemente no.

-Hay una energía especial en la naturaleza, con la que la mayoría de los humanos han perdido el contacto…dejarse influir por esa energía devuelve hasta al más loco la cordura. Dejarse influir por esa energía hace que volvamos a ser los animales instintivos y equilibrados que deberíamos ser. ¡Cuando no tengas paz en tu mente…siempre podrás venir aquí a encontrarla!

Otra punzada, ésta más dolorosa aún que la primera. La imagen de este lugar ardiendo está empezando a ahogarme. Me incorporo. He roto este momento mágico, lo sé. Isabella intuye algo, me mira con una cara extraña.

-¿Qué pasa?

-No…es…me he acordado de mi socio. Tenemos algunas dificultades con uno de nuestros proyectos y…no es nada. Abrázame, por favor.

Por dentro estoy pensando: abrázame para que desaparezca este sentimiento de culpa que me está invadiendo y me impide tragar saliva, siquiera respirar, para no pensar que está a punto de desaparecer el lugar mágico en el que he vivido la experiencia más maravillosa de toda mi vida.

Nunca había considerado que un monte fuera un enorme espíritu. ¡qué cojones! ¡Nunca había considerado que un tío y una tía pudieran formar un único espíritu! Y sin embargo estoy seguro de que todo cuanto Isabella dice es cierto, no porque lo dice ella, sino porque yo mismo lo estoy sintiendo, experimentando dentro de mí.

Isabella, o el espíritu que yo formo con Isabella, o lo que sea, me está haciendo ver las cosas no como YO el individuo, sino como YO sumergido en un todo, una parte unida, e inseparable de él.

-Tiene que ser una batalla muy dura la que estás librando ahí adentro…-me dice Isabella acariciando mi cabeza- porque estás completamente ausente de nuestra realidad ahora mismo.

-Lo siento- le dije abrazándola aún más fuerte.

-Sea lo que sea, Admirador, este no es el momento de darle tu atención. ¡Hola!- me dice sacándome la lengua- ¡estoy aquí! –

Me lanzo a su boca, en busca de esa lengua juguetona, olvidándome de Pepe, del incendio, del resort y hasta de la madre que me parió.

Y la beso y la acaricio, y la vuelvo a besar. Paramos, a veces, para mirarnos a los ojos, y sólo con mirarla me siento lleno, hinchado de energía. Y siento que mi propia piel es un impedimento…para fundirme con Ella. Se lo digo, se ríe, me chifla oírla reír.

-¿Paseamos un poco?

-Sí, Isabella, me encantaría pasear contigo.- le respondo y empezamos a dar un agradable paseo por aquel monte. Es especialmente agradable por la temperatura ideal, por la suave brisa de aire limpio que sopla bajo la sombra de los árboles. Por los rayos de luz y sombras que se reflejan en los ojos y el pelo de Isabella.

En un momento, me siento tan henchido, que se me ocurre tomar a Isabella, abrazando sus piernas, elevándola.

-¡Pero qué bien! ¡esto es divertidísimo!- grita ella agarrándose a mí fuerte para no caer

-Creo que me estoy volviendo loco a tu lado Ella- le digo con alegría, mirándola fijamente a los ojos.

-Mejor para ti – me contesta intentando ponerse seria- Es imprescindible como mínimo una locura al día para mantener la cordura.

-¡¡¡¿¿Toooodo lo ves tan fácil?!!!jamás en mi vida había sentido unas emociones tan intensas…y tú, sin embargo, pareces estar tan acostumbrada a…

-No sigas por ahí Admirador, es un camino equivocado. ¿has decidido algo sobre nuestros nombres?

Tiene razón, porque pensamientos desoladores de todos los amantes de Isabella cruzaron de punta a punta de mi mente, de sus amantes, del cuadro de la pasión, de las palabras de Mario sobre el comportamiento de Isabella en el club de Alfonso. Ella ahora es mía.

-Mía. Quiero llamarte Mía.

-¿Por qué?

-No es difícil de suponer

-Vale. Puedes llamarme Mía, si eso es lo que quieres. Seré “Mía”, sólo cuando esté contigo.

-¿Cómo tengo que interpretar eso?- se nota en el tono de su voz que las palabras van cargadas de doble sentido.

-No quiero compartirte, Mía.

-Y no lo harás, cuando estemos juntos.

-Entonces no dejaré que te separes nunca de mí lado- Ella cambia el gesto, ¡tiene la cara descompuesta! Corrijo – ¡Isabella, que era broma!

-¿De verdad? ¡no ha tenido ninguna gracia!- me responde medio enfadada.

Me la como, que sexy se pone cuando se enfada, joder, me río diciéndole:

-No sabía que estar junto a mí fuera tan tedioso, Señorita Isabella.- Isabella me mira, ahora la batalla se está librando en su mente.- ¿estás con alguien?

-No tengo compromisos con nadie- me responde airada. Me clava una mirada mitad de tristeza y mitad de orgullo- tampoco los quiero contigo. No quiero saber nada de lo que vendrá después de este preciso momento, quiero vivir ahora.

Uy, uy, uy, esto se está poniendo tenso. La abrazo fuerte contra mí. Y le susurro al oído:

-Isabella, y yo no quiero nada tuyo que tú no quieras, o no puedas darme. Y como tú, quiero disfrutar plenamente de ahora mismo – Y noto como todo su cuerpo se afloja, se relaja. La verdad es que me he pasado un poco con eso de que no dejaría que nunca se alejara de mi lado, se me ha agobiado la pobre, je je. Me hace gracia porque, sé a ciencia cierta que Isabella acabará siendo sólo mía, nunca he tenido un objetivo más claro en mi vida.

 El ser que me hace ser esta mujer es la mejor versión de mí mismo que jamás había conocido. La intensidad de estas emociones es tan poderosa que hasta me asusta.

-Yo te seguiré llamando Admirador- me dice Ella un poco más repuesta.

-Llámame como quieras.

-¡Mira! ¡Una cascada!¡vamos, corre!- me tira de la mano con fuerza hacia el agua.

Es un lugar de una belleza exquisita, brotan de la montaña varios hilos de agua que rellenan una pequeña poza de agua completamente cristalina…¿y qué hace Ella? Pues irse directa a la poza y colocarse debajo de los chorros. ¿Y yo? Pues seguirla.

-En nombre de la tierra, el mar, el agua, y este monte mágico yo te pongo el nombre de…¿qué eres tú dentro de todo esto, de todas estas cosas, y de mí?

Ha veces, que me cuesta trabajo seguir las locuras de Isabella, no tengo ni idea de lo que me está hablando y le pongo cara de póquer.

Ella se acerca más, me muerde la boca, me besa, me susurra.

-¿Qué has venido a hacer a esta vida?¿cómo ayuda el haberme conocido a ése propósito?

-Isabella, Mía…es, eso, es demasiado profundo, yo…

-¿Tú nunca te habías parado a pensar en tal cosa verdad?

-No

-¡Pues venga! Yo te ayudaré a concentrarte- me dice con voz seductora poniendo la mano de nuevo en mi entrepierna.

-¿Cómo, así?-le grito yo muerto de pánico ante la abrumadora tarea que me pone y además, pretende que lo piense cachondo perdido- ¡Así sólo puedo pensar en UNA cosa!

-Tanto mejor- responde resuelta, mientras vuelve a mordisquearme la oreja, a lamerme y besarme el cuello, me erizo entero, me pone a mil. Sujeta con firmeza mi cabeza, pega su pecho a mi torso, y yo la agarro del culo, ¡Dios qué culo tiene! Me encanta agarrarlo dentro del agua, y Ella responde enroscando sus piernas a mi cintura- Y así, loco por penetrarla, me susurra:

-Por nuestra mente pasan al día unos sesenta mil pensamientos. El silencio ha sido, es y será la madre de todas las respuestas ahora y siempre. Si yo consigo que sólo puedas pensar en UNA cosa, ten por seguro que tendrás gran parte del trabajo hecho, Admirador. Tómatelo como….como un ejercicio de meditación sexual, si quieres. Vamos, ven.

Isabella se desencarama de mi pelvis y me lleva al borde de la poza, a una especie de asiento natural que hace la piedra dentro del agua. Me sienta allí, y yo la dejo hacer…me desabrocha los pantalones, mi misil,  erectísimo por encima del agua, hace palmas por dentro viendo lo que se le avecina. Isabella me besa, lame y muerde los abdominales. Y yo estoy tan cachondo que creo que para cuando vaya a llegar a mi misil ya me habré ido. Tengo que contenerme, eso me daría mucha vergüenza, pero es que esta tía me pone hiper cachondo.

Cuando va a llegar con su boca a mi pene tieso, levanta la cara, me mira con sus ojos rasgados, la miro expectante…

-Piensa en las preguntas de antes, qué has venido a hacer a esta vida y por qué nos hemos cruzado tú y yo en ella. Feliz meditación, Admirador.

¡¡¡¡¡¡feliz mamada tío!!!!!!-pienso yo.

El torrente de placer que me produce la boca de Isabella, se mezclan con la humedad del agua en mi piel, el aire puro y fresco del monte, los claros de luz y sombras…Esto es acojonante.

Por un momento, no sé quién soy, pierdo la conciencia de todas las cosas envuelto en éxtasis.

Hay un antes y un después de este orgasmo.

Porque mientras mi conciencia me abandonaba he podido pensar con total claridad.

Porque he comprendido que yo, que soy sólo un pequeñísimo punto dentro del enorme espíritu de este monte, no tengo derecho a destruirlo.

Porque el agua del manantial de este monte ha venido a apagar toda mi ambición por destruirlo.

Porque me siento un ser completamente nuevo, renovado.

Porque aquí he vuelto a nacer.

-Isabella. ¿qué eres tú, exactamente? A estas alturas ya te tengo por una especie de Diosa. Gracias a la que he tenido la mayor revelación de mi vida. Si te digo que te deseo, me quedo corto, si te digo que te amo, me quedo corto, te diga lo que te diga jamás habrá palabras que puedan abarcar las verdaderas dimensiones de lo que siento ahora mismo…

Me hecho a llorar, como un crío, delante de Ella, esa especie de Diosa del placer y del sentido de la vida que “algo” ha puesto en mi camino para hacerme comprender quién soy yo en realidad.

-Ya sé lo que soy dentro del mar, la tierra, el agua y este monte mágico- le digo a Isabella. Me mira anhelante, sé que ella puede sentir lo que yo siento ahora mismo, me lo dice su mirada.

-Dilo

-Soy un guardián, que cuidará de que este monte mágico siga tal y como lo ves.

La inquietud asoma a los ojos de Isabella, se aparta de mí. Definitivamente, de algún modo ella forma parte de mi mente, no tiene caso intentar ocultárselo

-Mía, te lo puedo explicar. Yo…tuve una idea descabellada, y poco a poco fue adquiriendo dimensiones descomunales..- Entre lágrimas, me sincero y le cuento a Ella, todo lo relacionado con el resort, absolutamente todo. Ella no puede disimular su decepción, su enfado, su angustia.

-Volvamos a la ciudad.- Me dice llorando

Ella no vuelve a mirarme, ni siquiera en el taxi. A pesar de mi insistencia por volverla a ver alegre y sonriente, las únicas palabras que he conseguido sacar de su hermosa boca han sido:

-Jamás había hecho el amor con alguien tan repugnante como tú.

Y lo que más me ahoga es sentir dentro de mí con fuerza el sentimiento de repugnancia que invade a Isabella, y saber que sus palabras no son fruto de un enfado, sino que proceden de lo más hondo de su corazón.

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