Verónica-el divertido inicio de un romance

Verónica: el divertido inicio de un romance

-¿Verónica García?

-Sí, soy yo ¿quién llama?

-Le llamo del cuartel de la guardia civil.

-¡oh, Dios mío! ¿ha pasado algo?

-Eh, bueno, ningún hecho delictivo…tenemos aquí a una señora..

De repente, se interrumpe la frase del guardia civil por el berrido de una borracha:

-¡Señorita hip!que soy señorita soltera hip y sin compromiso y cuando me dejes te lo demuestro, ¡mozo hip guapo, más que guapo!

Verónica reconoció inmediatamente la voz, era su hermana, ¡la madre que la parió! Iba borrachísima. Un enorme bochorno y vergüenza ajena inundó a la joven.

Ignorando la retahíla que seguía soltando por su boca la «señorita», el guardia civil prosiguó:

-Tenemos aquí a una señorita que dice ser su hermana, Susana Garc-

-Pero hip Morenazo, tú llámame Susi- interrumpe la ebria de nuevo.

-Susi García ¿La conoce?-Consigue terminar el guardia Civil.

En medio de su vergüenza y su bochorno Verónica pensó “Ostras, esta vez si que la ha debido liar pardísima para acabar en el cuartel de la guardia civil, la mataré”

-Sí, sí, es mi hermana – contesta con timidez Verónica- ¿Qué ha hecho?

-Nada, nada, usted véngase a recogerla.

-Sí, claro, voy para allá en seguida. Tardo nada, eh- respondió Verónica apuradísima.

Verónica y Susi eran hermanas de distinta madre.

Se habían criado separadas y sólo alcanzaban a estar juntas un par de semanas al año en vacaciones escolares. Las dos hermanas se querían  más aún que si hubieran vivido juntas…en ellas se hacía patente el refrán

“distance makes love grow fonder”

“La distancia es al amor como el fuego al aire, apaga el fuego chico y aviva el fuego grande”

Así que en cuanto Verónica tuvo la oportunidad de mudarse de país para estar más cerca de Susi, lo hizo.

Vino al sur de España a cursar sus estudios de medicina y ahora iba camino de doctorarse en epidemiología.

Verónica era alta, guapa, inteligente y extremadamente natural y sencilla. Como buena colombiana desprendía una dulzura, cariño y candor que iban implícitos en su acento, en la modulación de su voz y en la cadencia de sus frases.

Se arreglaba, pero sin seguir modas, ella tenía su propio criterio y siempre concedía más importancia al intelecto que al aspecto.

Verónica se reía mucho de Susi – y con Susi- porque su hermana mayor parecía regirse por las mismas normas que un primate:

-Tío bueno=me gusta, me lo quiero tirar.

-Fiesta=me emborracho hasta las trancas y que salga el sol por donde quiera.

-Vestido y calzado=el que dicten los demás o las modas

-Música=la que me den en la radio

-Trabajo=cualquiera que me dé dinero y que tenga que ver con tíos, moda o música me va bien.

Para Verónica Susi era tan…superficial…y a la vez tan cariñosa…Aún no había conocido a alguien que tuviera el don de gentes que tenía Susi.

Susi era capaz de ver siempre algo bueno en todas las personas y aquel, era su mayor talento: encontraba el don innato de todo el que le rodeaba y de una forma casi mágica era capaz de potenciarlo con su alegría y su motivación.

En la vida de todos nosotros, en algún u otro momento ha aparecido ese alguien que vio algo más grande de lo que nosotros mismos éramos capaces de ver…

verónica: el divertido inicio de un romance

Susi era ese alguien en la vida de todo aquel que se cruzaba con ella.

Le gustaban las personas y a las personas les gustaba Susi.

Al margen de aquello, los axiomas que regían la vida de Susi eran frases del tipo:

Si la vida son dos días, al tercero que me pillen sin bragas

Mi vergüenza era verde y se la comió un burro…etc.

Y para Susi, Verónica era demasiado intelectual y profunda, tanto, que andaba malgastando su vida en tareas y personas que claramente no la hacían divertirse, entonces ¿qué cojones de satisfacción sacaría de todas ellas? Aquello era para Susi un misterio inexplicable.

-Buenos días señor agente, vengo  a recoger a mi hermana Susana García- dijo Verónica con su suavidad y dulzura naturales.

El agente Peláez levantó la vista y, acostumbrado a ver otro tipo de sujetos, la imagen de Verónica lo dejó mudo.

Pasaron unos segundos hasta que pudo medio reaccionar, y con todo y con eso, cada vez que volvía a mirarla no atinaba a centrarse.

-Eh, sí. Su hermana…eh…la señoría García…es que…siéntese aquí y espere un momento.

Una, aún borrachísima y tambaleante Susi apareció por el pasillo junto a dos guardias civiles que le relataron a Verónica lo sucedido.

-Vimos a su hermana en estado de embriaguez y siendo acosada por un grupo de hombres-

Susi interrumpió al guardia civil levantando un dedito para aclarar:

-Sólo hip me había tomado un par de hip copas, o tres- El tufazo a alcohol de su aliento tiraba de espaldas.

-O diez- atajó el otro tratando de disimular la risa

-Y los chicos no me hip estaban acosando- continuaba Susi con ese acento afrancesado tan característicos de los borrachos-yoooo me quería llevar al huerto hip a uno de ellos pero el cabezón hip no se quería separar de sus amigos, ¡me habéis cortado el rollo!- protestaba mientras se balanceaba, incapaz aún de mantener el equilibrio.

El guardia, dirigiéndole una breve mirada de reprobación continuó el relato:

-Al vernos aparecer y llamarles la atención, el grupo de amigos del ligue de su hermana salió corriendo llevándose su bolso y dejándola indocumentada. Llevamos algunas horas tratando de contactar con usted, pero hasta que se le ha aclarado un poco la cabeza, no ha acertado a acordarse de ningún teléfono de contacto. Aquí la tiene usted, sana y salva.- Terminó el policía torciendo el gesto.

En el fondo él, más bien pensaba en la suerte que había tenido aquella zagala. Moviendo la cabeza de lado a lado, en un ademán de reprobación, le pidió a Verónica:

-Cuando esté un poco más consciente, hable con ella y explíquele lo sucedido.

-Oh, no dude que lo haré. Lo lamento, de verdad de todo corazón. Lo siento.

-No hay nada que lamentar, ni que sentir, señorita.

Al salir del cuartel, las hermanas volvieron a ver al guardia civil que había atendido a Verónica al entrar, que, silencioso, pero sin poder apartar la vista de la joven, las veía alejarse.

Cuando Susi se percató de aquel morenazo de la entrada y de cómo miraba a su hermana, tirando del brazo de ésta, se acercó a él y en su acento francés  le espetó en toda la cara:

-Morenazo, hip, a ti te guuuusta mi hermana, que yo hip tengo también un radar enchufao como vosotros, pero el mío no pilla in fraganti a los que corren por las hip carreteras hip más de la cuenta, el mío caza hip las posibles ro-hip-mances y ligoteos al vuelo y es hip infalible. Puer mira hip hoy va a ser tu día de suerte su teléfono es hip el seis siete seis dos tres hip ocho hip siete.

Justo cuando iba a decir el último número, Verónica le tapó la boca a su hermana y mirando al guardia roja como un tomate le dijo:

-Perdone usted a mi hermana. Es que va muy borracha, disculpas.

El morenazo, casi sin poder articular palabra logró contestar a Verónica:

-No, eh, tranquila, eh, no es nada. Que tengan buen día- logró balbucear.

-Embo-hip-bao se ha quedao ése contigo jajajajaja. Ése quiere tema fijo jijijijii– se reía Susi mientras forzaba a su hermana a andar en zigzag.

-Susi, por favor, compórtate- la reprendía su hermana mientras andaban hacia el coche.

El agente Peláez puede que no hubiera tenido una actuación estelar delante de Verónica, pero había memorizado todos y cada uno de los números que su hermana había dicho, y sólo le faltaba uno para completar el número de teléfono de aquel ser que le había dejado petrificado.

Osado como él era, astuto, inteligente, fuerte y tenaz, pasó más de una semana dando vueltas al hecho de haberse quedado sin palabras al verla.

Por primera vez en mucho tiempo sintió cierto miedo, esa mujer le había gustado de verdad y ese sentimiento le hacía débil y vulnerable.

Y sin embargo, este temor no logró disipar ni un ápice las ganas de volver a verla.

Tras varias llamadas fallidas, el morenazo logró el número de teléfono de la hermana bella de la borrachilla simpática gracias a la que, todo sea dicho, él había vuelto a sentir latir su corazón con la fuerza de las olas del mar en un día de tempestad…

Fin

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